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El hundimiento del Titanic foral

Avatar del Jaime Ignacio Del Burgo Jaime Ignacio Del Burgo28/10/2022
Hasta ahora creíamos que la causa del hundimiento del Titanic en el año 1912, el transatlántico más grande del mundo en aquella época, se había debido a que el capitán, pues cuando se dio cuenta de que iban a chocar contra un iceberg en la travesía Southampton- Nueva York, era demasiado tarde. Se dice además no había botes salvavidas suficientes para todos los viajeros y tripulantes. Sea lo que fuere, 1500 personas murieron y solo se salvaron 712.
El Titanic de la economía navarra es la Volkswagen, nuestra primera empresa productiva. Da trabajo a unos 5.000 trabajadores directos, a los que hay que añadir muchos miles más de la industria auxiliar. Es la principal fuente de ingresos de la Hacienda foral. Deseo a la VW Navarra larga vida, pero lo que vemos es que todo está en el aire. Incluso en Alemania. [La otra gran empresa navarra, generadora de riqueza y trabajo es la Universidad de Navarra, que cuenta con 5.500 empleados. También está en el punto de mira de la nueva secta de adoradores de lo público que desean que el único capitalista sea el Estado, que solo es eficaz en el reparto de la miseria, como en Cuba.]
Un gobernante previsor y al servicio del pueblo estaría ya pensando en prever el impacto de un hipotético hundimiento del Titanic foral. La “nueva normalidad” parece haber declarado la guerra al coche, instrumento imprescindible para nuestra libertad personal. La receta para paliar o curar nuestros males es clara. Se trata de aplicar el sentido común. Navarra debe volver a ser un lugar atractivo para la inversión privada, si no queremos que las nuevas generaciones hereden una Navarra en quiebra. No podemos consentir que haya entre nosotros gente que no tiene techo, pasa hambre y frío. Ni podemos ver impasibles cómo está en grave peligro la calidad y pervivencia de los pilares del estado del bienestar (salud, discapacidad, educación, cultura, entre otros). No estaría de más que el Gobierno, en lugar de encuestas electorales, haga un estudio del impacto económico y social de la inmigración irregular y recalco el término irregular.
Es imprescindible incentivar vigorosamente la libre economía productiva en sus sectores primario (el campo), secundario (industria) y terciario (distribución, transporte, comercio, turismo) con medidas económicas y fiscales capaces de atraer nuevas empresas o de ayudar a las existentes a su adaptación a la nueva era tecnológica. A los que mandan se les llena la boca con la economía sostenible, pero deberían empezar por sostener nuestro tejido productivo y no dejar a la intemperie a las empresas agrarias, industriales y de servicios afectados por la crisis. Es hora de liberar a los agricultores y ganaderos de la demagogia de los salvadores del planeta que prefieren propagar la miseria dando prioridad a la multiplicación exorbitante de especies animales como jabalíes, los lobos y osos que son la pesadilla la gente del campo. En 2019 estábamos a la cabeza de España en cuanto a renta per cápita. Ya no lo estamos. Nos han sobrepasado el País Vasco y Madrid, esta última en el punto de mira del independentismo catalán que ha arruinado a una Comunidad que no hace mucho era la locomotora de España. Y vamos cuesta abajo. Para mantenernos en cabeza hay que hacer lo que hicimos con éxito en otro tiempo. Es de juzgado de guardia la situación en que se encuentra la mejora de nuestras infraestructuras (AVE, Canal de Navarra, carretera de Francia por Velate, por poner algún ejemplo). En esta situación crítica, es temerario reformar el Impuesto de Sociedades para incrementar su impacto sobre las empresas al eliminar incentivos eficaces como la reserva de inversiones o la deducción por la creación de puestos de trabajo, por mucho que lo recomiende una comisión de expertos. No siempre el sabio tiene los pies en la tierra. Padecemos con Cataluña la mayor presión fiscal de España, por encima de la media europea. Y mantenemos impuestos como patrimonio y sucesiones, inexistentes en el resto de Europa.
Otro de los grandes problemas es la macrocefalia de la Administración Foral. 30.000 funcionarios para una comunidad como Navarra parecen demasiados, sobre todo si no hay un termómetro de la productividad de cada uno. Pero su trabajo es imprescindible para nuestra sociedad. Ahora bien, ¿quién paga a los funcionarios? El dinero no viene del cielo. Sin la contribución del sector privado, la Hacienda no podría ni pagar la luz. Por ello la existencia de inversores y emprendedores que arriesgan su dinero, trabajan con tesón y pagan los impuestos, es vital.
Para nuestra desgracia Bildu es hoy socio preferente de los gobiernos de España y de Navarra. Al plegarse ante los liberticidas Pedro Sánchez, “Pontifex Maximus” del socialismo dominante, la presidenta Chivite corrió a la hemeroteca para borrar sus palabras: “Nunca pactaré con Bildu. Es un compromiso personal mío”. Igual que en Moncloa, mentira tras mentira. Esa consideración de Bildu como demócratas de toda la vida es tóxica para Navarra, salvo para la lideresa socialista que cree asegurarse así cuatro años más en el Palacio de Navarra. Y al igual que Sánchez, en último extremo se pliega a sus exigencias. Ocurre que cada vez aparece con mayor claridad que a Bildu no le importa el hundimiento del Titanic foral. Su obsesión por conquistar Navarra, les lleva a apoyar todas las causas capaces de incrementar nuestro declive económico. Llevan 45 años intentándolo. Sueñan con que llegue el día en que los navarros rompamos las cadenas y las cambiemos por las aspas de San Andrés de la bicrucífera de Euskadi. El oasis vasco nos espera. No, los tiempos oscuros no han pasado. Quieren que olvidemos las atrocidades padecidas durante cinco décadas por ETA, mientras resucitan las atrocidades –solo de un lado– ocurridas hace ochenta años. Su lema no es la reconciliación sino la ruptura social. Otra gran responsabilidad de María Chivite.
Jaime Ignacio del Burgo Expresidente de la Diputación Foral-Gobierno de Navarra
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