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"Camino entre 'zombies digitales' de todas las edades que aparecen en cada esquina de mi ciudad"

"Las tecnologías y las redes sociales está teniendo un profundo impacto en nuestra manera de vivir, pensar y estar con los otros"

Avatar del undefined Roberto Cabezas27/10/2022
Camino entre “zombies digitales” de todas las edades que aparecen en cada esquina de mi ciudad. En realidad, parezco yo el zombie de una especie en extinción, la de los que recorremos los parques para contemplar los árboles, los pájaros y las calles para encontrarnos con otros seres humanos.
El mundo digital no da espacio a esa pausa. Exige, apremia. Todo es inminente, todo es urgente, todo es aquí y ahora. Esta experiencia está condicionando nuestra visión del mundo, y sus consecuencias pueden ser tan considerables que escapan a nuestra imaginación.
Y es en este mundo donde educamos a nuestros hijos, nos relacionamos, trabajamos y aspiramos desarrollarnos personal y profesionalmente con algunas preguntas dando vueltas sobre nuestras cabezas: ¿cómo enfrentar esta especie de paranoia digital que estamos viviendo, o padeciendo, que parece llevárselo todo, incluida nuestra forma de relacionarnos, de ver el mundo, de educar y también de buscar trabajo o de desarrollarnos profesionalmente exprimiendo al máximo las enormes posibilidades que nos ofrece este cambio de época?
Las tecnologías y las redes sociales han dado origen a la llamada cibercultura que ha transformado nuestra forma de comunicarnos y de informarnos, pero también está teniendo profundo impacto en nuestra manera de vivir, pensar y estar con los otros. Diversos autores han estudiado esta verdadera revolución comparable a la producida por la invención de la imprenta. Hay quienes valoran esta nueva ‘sociedad de la transparencia’ en curso –que hace más democrático el acceso al saber y al poder –, otros en tanto, advierten el peligro de que ésta se transforme en una sociedad del control, incluso me atrevería a bautizar este fenómeno como “demencia digital”.
El desarrollo tecnológico, que es irreversible, es muy importante y puede llevar al ser humano a grandes progresos en todo sentido, incluso intelectual, al igual que ocurrió con la energía atómica, que sirvió para curar el cáncer, pero también para producir la bomba atómica, que mató a millones de seres humanos en Hiroshima. Ese es un ejemplo de cómo un elemento técnico, dependiendo de quién lo use, puede convertirse en algo sanador, o en algo destructor.
Hoy tenemos niños en los colegios y jóvenes en las universidades y ven las empresas que son nativos digitales, o más bien en algunos casos, adictos digitales, y este es un tema que no se enfrenta en toda su dimensión.
Dan ganas de escapar de estas tribus de adictos digitales, me dan ganas de pararme en mitad de ellos, y gritar a voz en cuello, ¡viva la realidad!, ¡viva el viento, las hojas, vivan los rostros, vivan las cosas que se tocan y se huelen, las puestas de sol, el viento en la cara, el crujido de las hojas en otoño, los abrazos y las lágrimas! ¡No tanta realidad virtual, por favor! Siento simpatía por todos esos niños y jóvenes y me conmueve su tremenda orfandad, su profunda soledad. Muchos de ellos, lamentablemente, estarán viviendo en un mundo sin ideales, sin luchas épicas, sin sentido trascendente ni propósitos y me dan unas ganas locas de abrazarles a todos, uno por uno, y decirles, ¡oh mis adictos digitales, abandonados en una sociedad sedentaria, vosotros que fuisteis libres como el viento o las gaviotas ahora os digitalizáis y os encerráis en vuestros cibermundos de buscadores, de algoritmos, de códigos, de inputs, de outputs o de kpi´s.
¿Quién está detrás de todo esto? ¿No será una expresión de la enajenación o locura que nos domina, que nos tiraniza, que nos desestabiliza y nos amenaza cada vez con mayor intensidad? El hombre no es malo, por supuesto que no, pero ojo, a veces es un poco cabeza dura, por decirlo elegantemente, ¿no?
¿Cuándo regresará la lluvia otra vez? Cada vez que la lluvia regresa, propongo salir a bailar a las calles. Que los niños se calcen sus botas katiuskas y extiendan los brazos al cielo para recibir dichosos las primeras gotas de agua. Que los adultos cierren los ojos y recuerden las profusas lluvias de su infancia. Que se celebre por todas partes esta verdadera fiesta, que llueva y no deje de llover, para que limpie el mundo y acaricie la tierra. Es la pausa que todo ser humano necesita para descansar de ese cansancio del mundo digital. Nada está tan perdido si todavía llueve. Todos queremos llover, ser lluvia en un mundo seco, estéril, frío y deshumanizado. 
Roberto Cabezas Ríos Director de Desarrollo Facultad de Farmacia y Nutrición de la Universidad de Navarra
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