"El hospital del Bidasoa, en Hondarribia, reclama al propietario de una pierna amputada que pase a recogerla y se haga cargo de ella"

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Pedro Charro

Publicado el 12/09/2022 a las 06:00

El hospital del Bidasoa, en Hondarribia, reclama al propietario de una pierna amputada que pase a recogerla y se haga cargo de ella. Así consta en la resolución publicada en el Boletín. Esto lo he leído justamente cuando trabajaba en un pequeño texto sobre el humor absurdo de Tono, de Mihura, del maestro Jardiel, eso que se ha llamado la otra Generación del 27, el momento de esplendor del humorismo español que luego tendría una deriva en el cine con Berlanga, Fernán Gómez y compañía. Todos ellos hubieran sacado chispa a este asunto de la pierna, no en vano es un tipo de humor que muestra como lo reglamentario y burocrático tiende a volverse ridículo, se coloca por encima de la vida. Nada más adecuado para una farsa que alguien apegado al reglamento o una ceremonia oficial vista desde fuera. La pierna olvidada, además, puede llevarnos muy lejos. Es una muestra de humor negro donde, por un mecanismo de degradación, también clásico, se trata a la pierna como un paraguas olvidado. El sujeto, además, se equipara a la pierna que le fue amputada: ambos parece que tienen vida propia y que pueden encontrarse de nuevo como viejos colegas. Todo esto lo explica muy bien Bergson en su tratado sobre la risa que, como se sabe, es un asunto muy serio, y sería también del gusto de Freud, que investigó al chiste y su relación con el inconsciente. Las posibilidades literarias de esta pierna, que se ha hecho viral, son muchas. Puede que su propietario sufra el llamado dolor fantasma y que, al reencontrarse ambos, éste desaparezca. O imaginémoslo saliendo del hospital tras su pierna, que se aleja dando brincos. Hay un cuento célebre de Gogol donde un alto funcionario se despide una mañana de su nariz y más tarde descubre que ésta ha emprendido una vida propia y le ha superado, llegando a un puesto de consejero de estado. Se trata de una parodia sobre la obsesión de la época por el rango social, pero lo cierto es que Gogol tenía una nariz muy voluminosa que le hacía objeto de continuas bromas, por lo que Freud diría que en el fondo deseaba perderla de vista.

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