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El plan de Yolanda Díaz se nos antoja utópico y estrafalario tirando a friki

Ignoramos cómo se desarrollará en la práctica el proceso de escucha, pero en la teoría no suena mal. Un político que en vez de quitar la palabra a los otros se propone escuchar: lo nunca visto, aquí tiene que haber gato encerrado. Estamos tan poco acostumbrados a oír las opiniones ajenas que el plan de Yolanda Díaz se nos antoja utópico y estrafalario tirando a friki. Pero alguna ventaja tendrá, porque de momento ya ha ganado la batalla de los focos. Bien mirado, es como lanzarse a una campaña en la que los mítines te los dan los ciudadanos mientras tú pones cara de estudiante pelota, asientes con la cabeza y al final regresas al coche sin haber abierto la boca para dirigirte al próximo punto de la gira donde te conducirás con la misma economía de medios. Un chollo. Adiós al trabajo de memorizar discursos. Se acabó el riesgo de meter la pata para que te lapiden en Twitter. Va a ser que se pueden cosechar votos sin necesidad de gastar saliva en promesas imposibles y explicaciones engorrosas. Pero, ahora en serio, es imprescindible que nuestros representantes aprendan a escuchar. Y al decir esto en el actual contexto político se hace necesaria una puntualización semántica para evitar confusiones. Hablamos de escuchar no en el sentido Villarejo, sino en el que define la RAE como ‘dar oídos, atender a un aviso, consejo o sugerencia’. Salta a la vista que Díaz es una vicepresidenta con olfato y sabe tomar las decisiones que le convienen en cada circunstancia. Pero también ha recibido el don de hablar por los codos, de modo que tendrá que aplicarse con la máxima disciplina al control de sus impulsos oratorios. Con esto y una buena elección de sus esperemos que numerosos y plurales informadores es muy probable que concluido el proceso de escucha la afligida patria disponga de una candidata de izquierdas más que presentable. De su éxito depende que le salgan imitadores, y que tal vez en un futuro no lejano todo el espectro se nos llene de políticos escuchantes prestos a oír las voces del honrado pueblo. No es que vayan a ser siempre voces autorizadas, admitámoslo, pero mejor es eso que acallarlas o tomarlas a beneficio de inventario. 
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