"¿Aplausos a los cielos desde los balcones con el fondo musical del ‘Quédate’ de ese tal Quevedo como prueba de resistencia, quizá?"

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José María Romera

Actualizado el 28/08/2022 a las 11:27

Operación retorno, vuelta al cole, síndrome posvacacional, adiós al verano, entrada en el túnel, todas las metáforas negras de septiembre se agolpan en las declaraciones oficiales para anticiparnos la que se nos viene encima, pero quien más directo lo ha dicho en esta nuestra maltrecha Europa ha sido Macron: es el fin de la abundancia, el fin de lo evidente, el fin de la vida sin preocupaciones. Ya puestos a firmar actas de defunciones históricas, solo le ha faltado añadir el fin del mundo; todo se andará. De momento se aprecian a grandes rasgos dos estilos de liderazgo para afrontar la calamidad. De un lado, el escapista de Pepe Álvarez y el alcalde de Vigo, y de otro el tremendista de Margarita Robles y el presidente francés. Son dos caras de una misma necesidad, la de responder con altura de miras a los desafíos de una temporada que se presume adversa tirando a catastrófica, y que reclama dirigentes de talla que no se limiten a prescindir de la corbata o tirarse los Falcon a la cabeza. Ganará el que logre acertar con el gesto grave a la par que seguro, los puños crispados en señal de fortaleza junto con los brazos abiertos ofreciendo protección, la frente erguida desafiando al destino mientras el corazón invoca a la virgencita de la copla. La fase aguda de la pandemia ofreció algunas aproximaciones a esta figura churchilliana que habría que pulir ahora. Hubo entonces quien se presentó en público flanqueado por militares de uniforme mientras exhortaba a la disciplina social, la moral de victoria y el espíritu de sacrificio. Pero no sé si es buena idea, dado nuestro menguante aprecio por la vida castrense. Quizá encaje mejor la mansedumbre de un líder impávido que no se deje llevar por la histeria, o el buen ánimo del líder risueño que ofrece diversión a falta de remedios, o, vayan ustedes a saber, el cinismo del líder trumpiano que opta por negar la realidad. En cuanto a nosotros los ciudadanos, está por ver el estilo que elegimos para atravesar este otoño de fuego y hielo, como lo ha denominado el profeta Iván Redondo. ¿Mascarillas para combatir el frío? ¿Gel de manos para contener la inflación? ¿Aplausos a los cielos desde los balcones con el fondo musical del ‘Quédate’ de ese tal Quevedo como prueba de resistencia, quizá?  

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