"No hay odio ni intolerancia en la obra de Rushdie. Convertirla en pecado y amenazar de muerte a su autor es no haber entendido nada"

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Pedro Charro

Publicado el 15/08/2022 a las 06:00

Estaba acabando el artículo para este lunes, cuando vi que habían atentado contra Salman Rushdie. Un hombre se había abalanzado sobre él dándole varias puñaladas, una en el cuello. Durante un rato estuve pendiente por si había más noticias. Cada día mueren o atacan a muchas personas, pero esto era especialmente desolador. Era como la constatación de que el fanatismo al final gana, que no olvida, que es imposible hacer nada contra él. Un fanático, en realidad, es un perezoso que no es capaz de pensar, al que le basta una opinión ajena, un amo, y con él no valen argumentos. Contra Rushdie dictó una fatwa aquel Jomeini que siempre aparecía ceñudo en las imágenes y apuntándonos con el dedo, por su libro Versos satánicos, y enseguida miles de personas airadas -ninguna por supuesto había leído el libro- salieron a la calle a quemar su foto y pedir su muerte. Desde entonces Rushdie era la imagen de una lucha desigual: la de un simple hombre que debía vivir escondido 24 horas frente a medio mundo, la de un escritor solitario frente a lo sagrado. Por si acaso, se ofreció una recompensa de tres millones de dólares a quien terminara con él. Si todo esto se pusiera en una novela resultaría increíble, exagerado, pura licencia literaria. Pero la realidad a veces se parece a una mala novela hecha de ignorancia y miedo. Miedo a la crítica, miedo a los argumentos ajenos, miedo a que las certidumbres se desmoronen. Los Versos satánicos no son una blasfemia, ni un ataque inadmisible, son literatura. No hay odio ni intolerancia en la obra de Rushdie, sino la complejidad de la vida. Convertirla en pecado y amenazar de muerte a su autor es no haber entendido nada. Puse ahora la tele, miré al móvil, pero no había noticias. Que se ensañen de esta forma con alguien por lo que ha escrito, pensé, en el fondo hace que volvamos a creer en la literatura, en su importancia, en el valor que puede tener para despertar conciencias y cambiar las cosas. Un fatwa en realidad es un grito de pánico. Aunque a Rushdie casi le cueste la vida.

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