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"La multiplicación de foros de opinión nos ha traído una algarabía menos fértil de lo que esperábamos encontrar"

Se da por admitido que el panorama de la opinión pública es hoy tan variado que ofrece posibilidades para todos los gustos y en todas las direcciones. Esa debería ser la consecuencia lógica del estado de sobreinformación en que vivimos inmersos: un juego de polifonía donde cada uno elige sus temas y los aborda desde un punto de vista singular e intransferible. El resultado sería un ruidoso ejercicio de libertad individual tan caótico como enriquecedor. Pero la multiplicación de foros de opinión nos ha traído una algarabía menos fértil de lo que esperábamos encontrar. La variedad deja pronto de ser tal, van desapareciendo los matices, las ideas sutiles dejan paso a las posturas de trazo grueso y al final todo queda reducido a dos frentes opuestos y excluyentes que se retroalimentan conforme la discusión sube de tono. Un efecto colateral (pero no por ello despreciable) de esta polarización política de las opiniones es la tendencia a desplazar hacia sus extremos cualquier asunto, tenga o no relación con la política. Basta echar una ojeada a los comentarios a pie de noticia de cualquier digital para advertir la algo cómica deriva que toman a poco que suba la temperatura de la discusión. Ya se hable de energía, de incendios, de turismo, de virus o de dietética, no tardan en aflorar las habilidades de los mejor dotados para situar la cuestión en las coordenadas del acostumbrado rifirrafe. En un abrir y cerrar de ojos, un problema climático se transforma en duelo de banderas, una guerra de dimensiones planetarias es llevada a los sondeos preelectorales y ahora mismo la noticia del infame atentado contra Rushdie ya está sirviendo para atacar a Biden o a Trump, según el color del comentarista. Opinar no consiste en aventurarse al intercambio de ideas, sino en buscar refugio dentro del marco acostumbrado. A veces hay motivos para sospechar que, aunque la naturaleza nos ha dotado de cerebro, lo nuestro no es sacarle partido. Unos investigadores franceses acaban de descubrir que el exceso de pensamiento produce glutamato, que es causante de fatiga. Así que ojo con pensar por libre, que nos puede dar algo.
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