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Ahorrar energía con menos ruido

La estéril polémica partidista sobre las restricciones energéticas no ayuda a concienciar a la población; hubiera sido perfectamente evitable con más rigor y diálogo

Avatar del Editorial DNEditorial DN06/08/2022
El ahorro energético nadie lo pone en duda, ni es una ocurrencia, sino una exigencia de la UE y una imperiosa necesidad derivada del uso del suministro de gas por parte de Rusia como un arma de desestabilización y del riesgo cierto de un cierre total del grifo, que pondría a Europa en serios aprietos en puertas del invierno. Las medidas que entrarán en vigor el próximo martes pueden generar incomodidades y presentan evidentes lagunas interpretativas que sería conveniente corregir cuanto antes. Pero los sacrificios reclamados a la población resultan insignificantes en comparación con los que implicaría una crisis de abastecimiento si Putin ejecutara el chantaje con el que pretende torpedear la firmeza europea en defensa de la soberanía y la integridad territorial de Ucrania, pisoteadas por el Kremlin. Y, en todo caso, requieren una eficaz concienciación ciudadana, a través de la pedagogía, para propiciar su cumplimiento ante la inviabilidad de que las autoridades controlen el termostato en todos los comercios y edificios públicos o, en una situación extrema, en los hogares. Por eso, el ruido político suscitado en nada ayuda a ese objetivo en un país polarizado. Las comunidades más críticas con el decreto del Gobierno -Madrid y Euskadi- han acabado por rectificar de facto. A pesar de que al PP y al lehendakari Urkullu les asiste la razón al criticar la incomprensible falta de diálogo que ha rodeado este proceso. Además de buscar réditos partidistas en los errores ajenos, el Gobierno haría bien -aún está a tiempo- en debatir con las comunidades las múltiples dudas que suscita la normativa, que debió consultarles con antelación, y en propiciar un acuerdo sobre ella. La vicepresidenta Teresa Ribera aclaró ayer que el límite del aire acondicionado a 27 grados en verano se aplicará “con flexibilidad”. En los bares, restaurantes y comercios la temperatura deberá estar “en el entorno” de los 25, apuntó. Entre otros motivos, porque así lo establece la legislación laboral. Conocidas a su debido tiempo, esta precisión y otras aún por resolver habrían rebajado una polémica estéril.
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