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Una mente sin memoria es un desierto cognitivo

Uno de los mitos de la nueva pedagogía es el rechazo de la memoria como recurso del aprendizaje. Sus argumentos vienen a ser estos: el aprendizaje memorístico consiste en una mera acumulación de datos; no fomenta la reflexión ni el espíritu crítico; obliga al estudiante a retener informaciones inútiles, para que las “vomite” en un examen y las olvide al poco tiempo; ignora la importancia del desarrollo de competencias y habilidades; hace de la enseñanza un proceso de mera transmisión vertical y no de indagación personal y grupal; no tiene en cuenta que en nuestro tiempo ya no es necesario almacenar en la cabeza una información que se tiene a mano con solo mirar en internet y otras nuevas fuentes de datos. Todo eso es cierto. Pero no se debe confundir la enseñanza de base memorística con el recurso a la memoria como capacidad intelectual e indispensable. El cerebro necesita alimentarse de referencias que van poblando su paisaje y sobre las cuales se van asentando los procesos cognitivos más avanzados. Quizá sea innecesario conocer la lista de los ríos de España, pero para manejar los conceptos geográficos resulta imprescindible haberse trazado un mapa mental que solo la retención memorística puede dibujar en la mente. El cálculo matemático no es fácil si previamente no hemos memorizado unas tablas aritméticas. Y si hablamos de literatura, la formación del gusto literario y poético pasa forzosamente por memorizar poemas que asientan en el cerebro el sentido de la musicalidad, eso que Borges llamó “memoria poética portátil”. Y podríamos seguir poniendo cientos de ejemplos. Una mente sin memoria es un desierto cognitivo. Es curioso que, mientras la idea de memoria gana enteros en el terreno histórico-social (nadie osaría criticar el fomento de la memoria histórica) y lo mismo ocurre en el ámbito vital de la persona (la ciencia lucha por erradicar el alzhéimer y otras demencias que destruyen la identidad y atentan contra la dignidad humana), en el campo educativo se diría que memoria es sinónimo de embrutecimiento. Ya lo dijo Nietzsche: “La ventaja de la mala memoria es que permite disfrutar muchas veces de las mismas cosas por primera vez”.
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