Rusia incentiva el miedo con el corte de gas
El debate del estado de la nación permitirá ver si el Gobierno, sus socios y el PP toman nota de los apuros energéticos de Alemania tras la limitación del gas ruso

Publicado el 12/07/2022 a las 06:00
La drástica limitación ayer del flujo de gas ruso hacia Alemania, supuestamente por trabajos de mantenimiento en el conducto Nord Stream 1 que durarán diez días, era un contratiempo anunciado que obliga al Estado federal a arbitrar medidas de ahorro energético. Menos calefacción y agua caliente domésticos para aminorar el impacto de la guerra energética de Putin sobre la industria y los servicios. Berlín ha empezado a pagar la factura del compromiso establecido por Gerhard Schröder y por Angela Merkel para procurar la entente con Moscú a cambio de una arriesgada dependencia energética. Pero las dificultades germanas lo son para toda Europa. La perspectiva de que su ritmo de crecimiento decaiga en el último trimestre de este año y se desplome en la primera mitad de 2023 obliga a la eurozona, y en especial a los socios del sur, a dejar de hablar de recuperación. Según la vicepresidenta tercera y ministra para la Transición Ecológica, Teresa Ribera, la situación de España es “más halagüeña” que la de otros países. Ciertamente somos, de entre las cuatro grandes del euro, la economía que menos depende energéticamente de Rusia, y con diferencia. Pero hasta ese flujo residual de gas ruso, unido al incremento de precios inducido por el Kremlin, constituye un hándicap de primer orden para un país que se sitúa casi dos puntos por encima de los demás en tasa de inflación y soporta déficits estructurales en el mercado de trabajo y en competitividad. Paliados en el balance general por la proyección internacional de nuestras grandes empresas. El Gobierno recomienda con sordina mayor responsabilidad en el gasto energético de los ciudadanos, mientras alienta la continuidad del consumo incentivándolo con ayudas públicas. Hoy, en el debate sobre el estado de la nación, tendremos la oportunidad de ver hasta qué punto las iniciativas del Ejecutivo Sánchez, las propuestas de sus socios de investidura y las alternativas del PP de Núñez Feijóo se centran en las necesidades reales de la economía o se dispersan por su intencionalidad electoral.