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"Coged vuestras vidas por los cuernos y haced con ella lo que cada uno quiera, no lo que cada uno pueda de manera residual"

Avatar del undefinedRoberto Cabezas28/05/2022
Nuestros jóvenes viven con la sensación de estar siempre asomados al abismo con enormes e impredecibles efectos sobre sus (nuestras) relaciones personales o laborales. Esa sensación angustiosa y agobiante de que algo malo va a pasar en cualquier momento. ¿Esta situación condiciona sus vidas, su manera de mirar el mundo, su identidad? El escenario no es fácil: crisis climática, globalización, revolución digital, crisis económica, guerras, movimientos migratorios descontrolados. El problema está en que esta situación les inmovilice, les haga caer en un estado de impotencia y catastrofismo y les impida (y nos impida) imaginar escenarios alternativos.
El contexto es complicado, qué duda cabe. La solución es difícil de trazar, incluso de imaginar. Benedetti tiene una frase que ahora cobra mucha relevancia: “Cuando creíamos que teníamos todas las respuestas, de pronto, cambiaron todas las preguntas”. Es decir, nuestra supuesta estabilidad se ha vuelto inestable y relativa.
Es lógico desanimarse. Pero también creo que cuando se asume que el desánimo es lo normal y ya no nos asombra, entonces no hacemos nada para cambiarlo, nos resignamos, nos conformamos. Y cuando alguien coge este camino está a dos pasos de que sólo le queden tres palabras: amargura, tristeza, mal humor, y vivir así realmente resulta ingrato, ¿no? Cuando llega la nube negra a nuestras vidas perdemos la actitud, la ilusión y muchas veces las ganas.
Estamos viviendo un cambio de época, no una época de cambios y los cambios duelen. Si son reales duelen. Un punto de inflexión social muy complejo, muy competitivo e individualista. Nuestra juventud, en alguna medida, tiene la sensación de que uno no puede influir en su entorno. De que hagan lo que hagan, las cosas no acabarán bien. Y es verdad que todo esto genera incertidumbre y ansiedad, pero es igual de cierto que es una actitud un poco cómoda. Y este punto es clave, la actitud. La actitud para afrontar estas circunstancias complicadas, para demostrar la grandeza que todos estos chavales llevan dentro. Para cambiar todo aquello que está en sus manos cambiar. Los problemas no se pueden enquistar, los problemas no pueden ser paralizantes sino todo lo contrario, aunque parezcan empresas inabarcables. ¡No al conformismo! No se puede pactar con el conformismo. No se puede pactar con la comodidad. No se puede pactar con el cansancio. No se puede pactar con la zona de confort.
El mundo del trabajo no se libra de esta situación tan cambiante, y es una fuente de generación de inquietudes variadas. Miedo a no encontrar trabajo, al despido, a no ser capaz de reinventarse, a los contratos, a la temporalidad, a no avanzar profesionalmente y quedarte estancado, a no poder mover el timón del cambio o incluso no saber evolucionar. Es decir, un miedo constante, invisible, silencioso, indeterminado. Y claro, vivir con la espada de Damocles en el cuello es un acto heroico, épico.
La inquietud lleva al desánimo, el desánimo a la preocupación, la preocupación al miedo, el miedo al pánico, el pánico a la histeria, la histeria a la desesperanza. Y en eso no podemos ceder. No nos podemos permitir perder la esperanza, menos los jóvenes profesionales que están dando sus primeras batallas. ¡No al sálvese quien pueda! El miedo alimenta el individualismo, el egoísmo, y estoy convencido que nos hace peores personas. Ojo con que esta generación de profesionales jóvenes se convierta en la generación que se ha terminado refugiando en su propia autocomplacencia y en su victimismo. No se puede tolerar. No lo podemos aceptar. Muchos jóvenes están agobiados por la excepcional situación que estamos viviendo. Cansados por no encontrar trabajo, temerosos de perderlo o desencantados por el que tienen. Muchos de nosotros hemos sentido en algún momento la necesidad de cambio en nuestras vidas, pero pocas veces creemos que podamos hacerlo, y nos limitamos a esperar. Pero no, ¡somos responsables de nuestras propias vidas! Estoy convencido que nuestra conducta es una función de nuestras decisiones, no de nuestras condiciones.
Cambiar de vida supone ser capaces de “mirarnos hacia dentro” y revisar todos aquellos aspectos que no funcionan y que nos generan insatisfacción. Ser capaces de reordenar todas las piezas para construir un nuevo guion del que nos sintamos responsables y con el que queramos comprometernos. Yo les invitaría a identificar sus sueños. No inventarlos, sino detectarlos para descubrir su misión en la vida. La verdad es que lo que más importa está enterrado bajo capas de problemas apremiantes y preocupaciones inmediatas. Porque muchas veces buscamos la felicidad en lugares equivocados. Mi experiencia me dice que cuando conquistas tus miedos, conquistas tu vida. ¡No a vivir en un estado de pausa o de modo avión! Coged vuestras vidas por los cuernos y haced con ella lo que cada uno quiera, no lo que cada uno pueda de manera residual. La clave está en la actitud.
Roberto Cabezas Ríos, director de Fundación Empresa y Career Services de la Universidad de Navarra
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