Mejor solo que mal acompañado

thumb

Luis Arbea

Publicado el 09/05/2022 a las 06:00

Un asocial de libro. En eso me debo estar convirtiendo según el lacónico diagnóstico de mis hijas que posiblemente dé en el clavo. Es cierto, cada día que pasa, no lo puedo remediar, se me hacen más cuesta arriba las obligadas relaciones sociales que con las más variadas excusas evito, pospongo o voy cancelando; cada día que pasa me siento más distante, desintegrado y ajeno a cualquier colectivo y a compartir sus intereses. Van a tener razón, un auténtico bicho raro, un lobo estepario, algo sorprendente con lo simpático y sociable que soy, aunque tal vez se trate del síndrome del Oído frágil. Demasiado ruido que maltrata tímpanos y espíritus sensibles y enflaquece el ánimo. Demasiado ruido por todos los lados: excesivas las voces parlamentarias vacías (eso sí, de carga hueca) de autenticidad que me perforan el cerebro, falsas y disonantes las autosuficientes de tantos listillos que nos rodean y, sobre todo, demoledores los gritos de dolor y muerte que, desde Ucrania siguen llegando y desgastando la ya mi mermada esperanza en un futuro más armónico, el actual chirría insoportable. Pues sí, demasiado ruido para unos oídos cansados. Necesito un entorno tranquilo y alejarme (nunca mejor dicho) del mundanal ruido en compulsiva búsqueda del silencio, necesito aislarme pues posiblemente mejor solo que mal acompañado y aunque, desde fuera, pueda parecer una huida cómoda y cobarde, tengo la conciencia tranquila ya que se trataría de una hábil táctica de supervivencia, ¿no fue Napoleón el Estratega quien afirmaba que una retirada a tiempo es una victoria? Sin duda una decisión lúcida.

Pero mi familia, que me quiere, insiste en que me deje de tonterías, que el aislamiento no es recomendable, que es fuente de infelicidad y, con un puntito sarcástico, que de ahí al autismo solo un paso y un montón de bien intencionadas recomendaciones que agradezco pero que no me acaban de convencer, estoy con Lope de Vega: “A mis soledades voy, de mis soledades vengo, que para andar conmigo me bastan mis pensamientos”. Esos pensamientos que, se me ocurre, alimentan y acunan a tantos peregrinos a Santiago que en la soledad del camino recomponen el sentido de su vida. Que sí, que la soledad voluntaria y libremente elegida es cosa buena e incluso divina; creo que fue Aristóteles quien sentenció aquello de “el hombre solitario es una bestia… o un dios”. ¡Qué alivio! Sin embargo, por otro lado, también tengo bastante claro que los otros no son el infierno como afirmaba Sartre y que necesitamos a los demás para ser felices. Un concierto, una comida y, por supuesto, el amor, cobran su auténtica esencia cuando son compartidos. Sin lugar a duda, somos humanos con humanos.

Así que estoy hecho un lío, no resulta precisamente fácil ser libre. En cualquier caso, he optado por una solución casi salomónica tratando de aunar lo bueno de las dos alternativas: una soledad selectiva. Por un lado, he suprimido encuentros innecesarios, he huido de recalcitrantes tertulianos, de redes sociales e infumables espacios televisivos y por otro, aporto mi aristocrática (y egoísta) sociabilidad exclusivamente a las personas que en verdad quiero, esas cuya compañía abraza. Y aquí paz y después gloria.

A pesar de todo, mi gente me sigue reprochando esta decisión que tildan de excéntrica, friki dirían mis nietas, pero no me preocupa demasiado pues no se trata de una extravagancia, como mucho de una patología benigna y familiar, no son pocas las personas conocidas (¡qué curioso!, todas de parecida quinta) que presentan síntomas similares. ¿El juicioso retiro de los más mayores? ¿Un obligado mecanismo de defensa? No lo sé, pero lo pregona la sabiduría popular: mejor solo que mal acompañado. Por algo será. Y es que cuando uno está solo y no se siente solo, probablemente se encuentre en la mejor compañía.

Etiquetas:

    Continuar

    Gracias por elegir Diario de Navarra

    Parece que en el navegador.

    Con el fin de fomentar un periodismo de calidad e independiente, para poder seguir disfrutando del mejor contenido y asegurar que la página funciona correctamente.

    Si quieres ver reducido el impacto de la publicidad puedes suscribirte a la edición digital con acceso a todas las ventajas exclusivas de los suscriptores.

    Suscríbete ahora