El rincón

Pegasus como cortina de humo

Pedro Sánchez y Pere Aragonès se saludaron protocolariamente el viernes en Barcelona
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Pedro Sánchez y Pere Aragonès se saludaron protocolariamente el viernes en Barcelona
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Miguel Ángel Riezu

Publicado el 08/05/2022 a las 06:00

Es como el choque de dos mareas contrapuestas en una playa. Un encontronazo difícil de entender y de surfear. Pero en este punto nos encontramos en pleno mayo. Las ganas de disfrutar después de dos años de pandemia espolean los viajes, las salidas, las cenas en los restaurantes. Un festival de consumo ligado al tiempo libre, justo ese que ha estado congelado en la pandemia. Y un mirar con una sonrisa a la vuelta de la esquina pensando en el regreso de los Sanfermines y el verano festivo.

Todo en el mismo momento en que se registra un evidente parón económico fruto de la guerra de Ucrania y sus consecuencias: inflación disparada, precios que revientan en la electricidad y las gasolinas, problemas en las grandes cadenas de suministro. Parecen dos vida paralelas que no se tocan. Pero son realidades simultáneas y van a terminar encontrándose.

Las heridas económicas de la guerra. Lo evidente es que el grado de incertidumbre escala al máximo. Una guerra que parecía que iba a ser corta se prolonga porque Rusia subestimó la capacidad de resistencia de los ucranianos y no fue capaz de prever que Europa y EEUU se iban a volcar en ofrecerles la ayuda militar que precisan. Y ahí siguen el sufrimiento infinito de la población civil, las atrocidades cometidas por las fuerzas rusas y la resistencia militar.

Una situación que bloquea cualquier visión más allá del puro presente. Lo que sí tenemos claras son ahora las huellas económicas que ya nos ha dejado esta guerra: precios por las nubes en la electricidad, en la gasolina y en la cesta de la compra. Una explosión que genera cabreo en todas las capas sociales y problemas de verdad, sobre todo, entre las rentas medias y bajas, las más sensibles. Y que amenaza también con ensanchar la brecha interna de rentas en la Comunidad foral, que se dibujan en un norte más rico y un sur más pobre, en una Navarra con ingresos asegurados (de los funcionarios a los pensionistas pasando por los trabajadores fijos) y otra que se la juega cada mes (autónomos y trabajadores temporales). Todo ello se puede convertir en un hervidero de malestar de los que luego pasa factura en las elecciones premiando a los extremos. Justo eso que nadie sensato quiere pero que se planteará combatir cuando ya no tenga remedio.

El caballo alado que lo enturbia todo. Y en España, ¿estamos centrados en cómo salir de esta? Pues va a ser que no. Esta semana la mayoría gubernamental está entretenida dinamitándose a sí misma. Una crisis con nombre de caballo alado, Pegasus, el programa israelí para espiar móviles. Primero los secesionistas catalanes se envuelven en la bandera de la indignación por ser espiados por el Estado. Hasta que el CNI confirma en el Congreso que lo ha hecho (aunque sólo a una parte) con las autorizaciones judiciales que precisa. Es decir, que ha realizado su trabajo (investigar a los instigadores de un golpe de estado) y cumpliendo la ley hasta que se demuestre lo contrario. Porque es cierto que están en juego derechos fundamentales que hay que defender en una democracia, y que es necesario un control real de los controladores para evitar abusos, pero sin frivolizar con la propia seguridad del Estado.

Que es justo por donde ha reaccionado el presidente Sánchez al hacer desvelar que él también ha sido espiado por Pegasus para desviar la ira del independentismo catalán, de ERC, que amenaza con echar abajo la Legislatura. Y con esa insólita confesión lo que hace es abrir otra grave crisis de credibilidad pública sobre los servicios secretos. En medio, Margarita Robles, la ministra de Defensa, una rara avis dentro del Gobierno, emerge como el bastión político sin complejos frente a los independentistas. Y la pieza de caza mayor que persiguen desde Podemos , ERC y Bildu en estos días.

¿Que hemos aprendido todos? A tomar conciencia de que con el móvil llevamos media vida en el bolsillo y que la privacidad (entre espías y hackers) es cada día más difícil de mantener.

Y el dato positivo del empleo. Por supuesto, no todo son dados negativos. Por ejemplo el empleo continúa ofreciendo cifras alentadoras. En Navarra, el mes de abril se han creado casi 2.000 nuevos empleos y casi un 28% fijos, una cifra altísima, fruto de la reforma laboral. Los servicios y la hostelería pueden ser las claves de este buen abril que señala que la economía no se ha parado. Hay 297.000 navarros trabajando hoy, una cifra casi récord y superior a la que se registraba al comenzar la pandemia.

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