Una legislatura al límite

Publicado el 08/05/2022 a las 06:00
Si Pedro Sánchez creyó que el anuncio de que él mismo y la ministra de Defensa han sido espiados con el ‘sofware’ israelí Pegasus aplacaría a sus socios y amainaría la tormenta política desatada tras las escuchas telefónicas denunciadas por dirigentes independentistas, habrá comprobado ya hasta qué punto incurrió en un error. Lejos de reducir el ruido, la insólita confesión por parte del Gobierno de que los móviles de su presidente y de Margarita Robles sufrieron hace un año “ataques exteriores” en los que les fue extraída abundante información lo ha amplificado, evidenciado injustificables grietas en la seguridad nacional y alimentado la desconfianza de otros países. Además, la confirmación de que el CNI intervino con autorización judicial las comunicaciones de 18 soberanistas, entre los que figura el actual presidente de la Generalitat, Pere Aragonès, convierte la situación en poco menos que insostenible. El hecho de que esa actuación fuera acorde a la ley no es óbice para arrojar toda la luz sobre el caso. La demostrada capacidad de resistencia de Sánchez se ve sometida a una dura prueba al quedar de manifiesto que los servicios secretos bajo sus órdenes investigaron a su principal socio al considerarlo un peligro para el Estado. Conviene no olvidar que los separatistas catalanes promovieron un referéndum ilegal. La estabilidad de su Gobierno está en el aire por la enorme brecha abierta con los aliados que sustentan su precaria mayoría. No es baladí la advertencia de ERC de que este asunto “puede cargarse la legislatura”, cuando el pulso en el independentismo catalán le deja sin margen para ser condescendiente, máxime tras ser constatado el espionaje del CNI a Aragonès. Sánchez no tiene fácil recuperar la confianza de sus aliados, pero cabe esperar que su manera de arreglar la situación no pase por hacer más cesiones y claudicar ante los nacionalistas. Aún falta año y medio para su teórica conclusión, y la legislatura ofrece inequívocos síntomas de agotamiento, cuando la más que delicada situación económica exige que el Gobierno se centre en cimentar la recuperación.