"El hombre, sin retirar la vista de la casa seguía insistiendo: no caerá, no. No caerá. Y no cayó"

Actualizado el 08/05/2022 a las 11:26
No caerá, decía a quienes a su alrededor contemplaban, como él, aquella casa condenada al derribo. Su predicción la oyeron muchos pamploneses, claro está que sin hacerle mucho caso, ya que sabían que dentro de ella se habían colocado 25 kilos de dinamita, y veinticinco kilos de dinamita pueden mucho. Mas el hombre, sin retirar la vista de la casa seguía insistiendo: no caerá, no. No caerá. Y no cayó. Nadie se lo explicaba, pero solo una parte de ella se hundió, lo que pareció hacer feliz a quien lo había augurado. Así que algunos espectadores de su alrededor le preguntaron por qué se sentía tan seguro del fracaso de aquella demolición: porque trabajé en su construcción y sé cómo y con qué materiales se hizo, respondió. Después abandonó el lugar, tranquilo, orgulloso de su trabajo de antaño, capaz de burlar a los 25 kilos de dinamita. Aquel hombre me hizo recordar otra casa, la primera en la que viví mis primeros meses de casada. Era un piso que estrenamos nosotros con la lógica ilusión, agradable, soleado y aparentemente sin un pero, que montamos con la lógica ilusión. Nuestro dormitorio incluía un pequeño mueble con espejo que iría clavado a la pared. Quedó bien aunque se mantuvo en su lugar muy pocas horas, ya que de pronto cayó al suelo con gran estrépito. No. No se habían partido las escarpias ni salido los tacos de la pared. Fue la pared la que falló: dos círculos de ella pasaron a ser ventanas hacia otra habitación. ¿Qué grosor de ladrillos y de qué calidad se habían utilizado en aquellas paredes? Por eso me pregunto, si un día se derribara aquella casa, ¿se apostaría en la acera de enfrente una de las personas que la construyó para decir no caerá, al resto de los curiosos, o más bien diría: dónde vas con 25 kilos de dinamita si esto con colgar un par de cuadros más se viene abajo? Seguro que no se sentiría tan orgulloso como aquel que nada más llegar a la Plaza de las Merindades ya pronosticaba: No caerá no, no caerá.