"El catálogo de Netflix es lo más parecido a un folleto de grandes almacenes: producciones en serie que repiten patrones complacientes pero anodinos"

Publicado el 30/04/2022 a las 06:00
Dos torres del capitalismo recreativo se tambalean: Twitter y Netflix. La red social del pajarito ha ido a parar a las manos voraces del magnate Elon Musk, que amenaza con implantar en ella la libertad total de expresión acabando con toda clase de filtros. Puede permitírselo, si se ha gastado cuarenta y cuatro mil millones de dólares para hacerse con el juguete, pero de llevar a cabo su propósito el universo de la comunicación se llenará de bulos y acabará devorándose a sí mismo. En cuanto a Netflix, dicen que la crisis le viene de la saturación del mercado de las plataformas y del anuncio del fin de las suscripciones compartidas; aunque es más probable que esté quedando sepultada bajo su propia basura. El catálogo de Netflix es lo más parecido a un folleto de temporada de grandes almacenes: producciones en serie que repiten patrones complacientes pero anodinos. Los algoritmos han engendrado una enorme industria de la copia, un vasto campo de coles mainstream entre las que de vez en cuando crece una lechuga indie para contentar a los más exigentes. La peste de la imitación ha invadido Twitter de otra manera, unas veces haciendo vivir a los usuarios la fantasía de ser únicos y geniales, y otras fomentando el gregarismo de la opinión en cualquiera de sus múltiples manifestaciones. Bien es verdad que, a diferencia de Netflix, la sensación de ruido que aturde al usuario de la red social queda compensada por la utilidad en el acceso a buenas fuentes de información y análisis, siempre y cuando uno tenga criterio para seleccionarlas. En cualquier caso, admitamos que ni Netflix es el cine ni Twitter es la conversación pública, sino algo así como sus respectivas caricaturas: adaptaciones blandas concebidas para que los consumidores se dejen mecer en ellas y entreguen su voluntad a los nuevos dueños de sus anhelos y su tiempo. Si sucumben, otras redes y plataformas no necesariamente mejores vendrán a ocupar su espacio. Y siempre habrá algún Elon Musk dispuesto a comprarlas con parte de la fortuna que haya atesorado en este juego donde los simples mortales solo somos unas fichas.