España, país de vacaciones

Publicado el 28/04/2022 a las 06:00
Ahora que se mueven los partidos nacionales con distintas propuestas económicas es un buen momento para ver qué fue de los PIIGS (cerdos en inglés) acrónimo de Portugal, Irlanda, Italia, Grecia y España. La UE afrontó la crisis de 2008 con distintos paquetes de ayudas adaptados a la gravedad de esas economías. Supongo que se acordarán de los hombres de negro. Que se lo pregunten a los griegos o a los irlandeses que sufrieron sus recortes. España se libró consiguiendo un rescate bancario que no puso demasiadas condiciones salvo que la cuenta la pagábamos nosotros en forma de deuda. Debemos recordar que los bancos españoles no devolvieron el préstamo recibido como, por ejemplo, sí hicieron sus colegas estadounidenses (ese país neoliberal y tal). Básicamente los gobiernos españoles (azules y rojos) tenían dos opciones para afrontar la crisis: la primera aprovechar la ayuda de la UE para ir tirando sin hacer reformas o la segunda opción, aprovechar las ayudas europeas para reformar la economía y hacer de España un país más competitivo. La respuesta fue ir tirando. Ahora vendrán los que nos critican a los economistas a señalar nuestro vil apego al PIB como medidor de todas las cosas. Y no les falta razón, podríamos medir la felicidad, aunque resulta más complejo por la parte subjetiva que tiene. Por cierto, estos días hemos visto en unas encuestas internacionales que los españoles tampoco somos felices. Así que vamos a centrarnos en el PIB. Desde 2005 el PIB español (deflactado) no ha crecido nada. En esos años Alemania ha crecido al 18,7%, Francia al 7,5%, Reino Unido al 4,2%. Si nos comparamos con Portugal vemos que han reducido su diferencial económico con España, ya que nuestro vecino ha crecido un 7,5%. Ahora bien, Irlanda ha crecido un 79% desde 2005. Irlanda ya no es un PIIGS. El milagro irlandés no solo tiene que ver con la bajada de impuestos. Los bajaron en los años 80 pero no funcionó porque tenían un mercado laboral muy rígido y un IRPF del 60%. Irlanda fue un país que perdió población durante los siglos XIX y XX, principalmente por una pobreza extrema que llevó a emigrar a USA a millones de irlandeses. Número que se calcula inferior al de los que murieron de hambre quedándose. La receta irlandesa comenzó pidiendo el rescate tras Grecia, recortando el tamaño del sector público para ajustar el presupuesto por la vía de los gastos (despidieron 23.500 funcionarios, agruparon la banca en dos entidades, vendieron activos del gobierno por 2.300 millones de euros, etc.). Se negaron a subir los impuestos, e incluso bajaron el IVA del 13,5% al 9% para turismo y ocio. Mientras España subía el IVA del 19 al 21%. La apuesta por la libertad económica tiene premio ya que consiguió superávits públicos en 2019 y 2020, Irlanda tiene pleno empleo, de hecho, necesita más e importa trabajadores de todo el mundo (muchos españoles) y tiene una mano de obra muy bien cualificada gracias a sus universidades punteras como la Tecnológica de Dublín. Sus socios de la UE quieren homogeneizar impuestos para que no haya competencia fiscal, pero claro, quieren igualarlos hacia arriba, e Irlanda subirá el impuesto de sociedades al 15%. Mientras tanto en España la presión fiscal a las empresas supera 4 puntos a la UE. Ahora Irlanda tiene un problema inmobiliario, no porque las casas perdieran su valor como en 2008 sino porque están muy caras. Males de ricos.
A los entusiastas del sector público les preguntaría si prefieren un 40% de una pizza pequeña o un 25% de una pizza familiar. Supongamos un PIB de España de un billón de euros, correspondería una recaudación de 400.000 millones sin crecimiento económico. Pero con un crecimiento del 79% irlandés y una presión fiscal del 25% habríamos recaudado 50.000 millones de euros más. Alguno dirá que España no es Irlanda, y es verdad, pero ¿acaso sería imposible un escenario similar? Yo creo que en teoría sí, pero en la práctica no lo verán mis ojos, porque la sociedad española ha consentido y consiente la mala gestión de unos gobiernos expertos en marketing político. El 60% de los españoles piensa que se pagan muchos impuestos para lo poco que se recibe de las administraciones públicas (informe del Institituto de Estudios Económicos). Pero también quieren más impuestos siempre que los paguen los ricos.
Desde que nacieron mis hijos en 2005 no hemos adelantado nada. Como padres solo nos queda prepararlos para que se abran a un mercado laboral mundial, y que vengan a España de vacaciones, que es donde mejor se está.
Carlos Medrano Sola Economista en www.eximiaconsultores.com