"¿Cómo es posible, pensaba yo, que esos hombres de más de 70 años, conserven la fuerza de la juventud?"

Actualizado el 13/03/2022 a las 11:14
Ya puede llover, nevar y caer piedras del cielo: la Virgen de las Nieves está de nuevo protegida en su ermita de Irati, que luce nuevo tejado de tablilla de haya, realizado con maestría y cariño por unos cuantos hijos suyos, que lo han dado todo para renovar la destrozada techumbre. Y por si esto fuera poco, hemos podido ver tan laboriosa tarea, lo que ha resultado un verdadero regalo para los que acudimos a ver el documental que de ello se hizo, en la Filmoteca de Navarra. Un regalo, sí, ver desde la elección de los árboles adecuados y su sabia tala, porque los tablilleros decidían sierra en mano, hacia donde debía caer el haya, el troceado posterior en fragmentos; de 65 centímetros y el seccionado de ellos en tablas de 2 centímetros de espesor. ¿Cómo es posible, pensaba yo, que esos hombres de más de 70 años, conserven la fuerza de la juventud? Porque toda esa tarea era manual, ni motosierra, ni lijadora eléctrica, ninguna de nuestras modernas herramientas se veía en el entorno, sino antiguas sierras manejadas por dos, a veces por cuatro hombres, hachas golpeadas por mazas de madera del corazón del árbol. Trabajaban con los mismos medios y el mismo arte con que lo hicieron en su juventud, con el oficio de sus padres y abuelos. Así que gracias a ellos, hoy puedo conocer cómo se hacían los tejados de tablilla que todavía vemos en algunos lugares. Ahora sé del tiempo que tarda en eliminarse la humedad de la madera, de que las tablillas se enderezaban, si esto era necesario, por su propio peso, porque quedaban en el mismo bosque, apiladas, soportando lluvia, nieve y sol, hasta el momento de convertirse en el bello tejado, que también vimos montar en la ermita. Lo explicaban todo tan bien, tan agradablemente respondían Javier y Jesús Mari a las preguntas que surgieron en el coloquio posterior, que fue un verdadero gozo estar allí, hasta el punto de que yo veré ahora de diferente modo el tejado de la ermita de Irati, porque sé todo lo que cada una de esas tejas de madera lleva con ella: arte, fuerza, maestría, y sobre todo Amor.