Occidente no puede olvidar a Ucrania

Publicado el 26/02/2022 a las 06:00
La entrada de fuerzas rusas en Kiev reveló ayer que el objetivo del Kremlin es deponer el Gobierno de Volodímir Zelenski para instaurar en Ucrania un sistema acorde a los intereses de la autocracia imperante en Moscú. Putin no persigue otra meta que anular la soberanía del país vecino y sus libertades. Al conminar a Kiev a “deponer las armas” para dar paso a una negociación, mientras llama a la sublevación de los militares ucranianos, solo pretende dibujar un futuro tenebroso para los dirigentes electos de Ucrania. La simulada disposición al diálogo que ayer trascendió a través de Pekín, después de que el líder chino Xi Jinping conversara con el presidente ruso, demuestra hasta qué punto este último se vale de cualquier oportunidad para confundir y dividir al mundo. En todo este tiempo no ha fallado la diplomacia, sino la disuasión. Ninguna advertencia de Estados Unidos, de los países de la UE o de la OTAN ha servido para contener los propósitos de Putin. Sencillamente porque el Kremlin sabía de antemano que los ejércitos occidentales no pisarían tierra ucraniana en defensa de su integridad territorial. Tampoco la aplicación de sucesivas sanciones financieras y comerciales parece suficiente para persuadir al autócrata ruso . A estas alturas, la Unión Europea y cada uno de sus miembros, Estados Unidos y la OTAN deben pasar de pantalla para reclamar un total respeto por parte de los invasores a la vida y a la integridad de los ciudadanos ucranianos. Un total respeto a las instituciones representativas de su voluntad política y a quienes las encarnan. Y anunciar de antemano que ningún régimen instaurado bajo la dominación rusa será reconocido por los países democráticos y las instancias internacionales que conforman, por lo que ningún acuerdo suscrito entre Moscú y un Gobierno impuesto en Kiev contaría con la más mínima consideración fuera de la órbita panrusa ideada por Putin. Desmentirle exige que a partir de hoy la resistencia en Ucrania sea un compromiso común a todo Occidente, sobre todo tras las amenazas dirigidas por el Kremlin contra Suecia y Finlandia.