"Mientras el PP se hace el harakiri, la bestia contempla la sangría a distancia y en silencio"

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José María Romera

Publicado el 19/02/2022 a las 06:00

En el edificio que hoy es sede de la Comunidad de Madrid situó Valle-Inclán la escena de Luces de Bohemia donde Max Estrella es conducido a comisaría borracho y esposado. Para hacerse respetar, Max advierte al inspector de policía que tiene amistad con el ministro de la Gobernación. El oficial le responde: “El señor ministro no es un golfo”, a lo que Max replica: “Usted desconoce la historia moderna”. No sabemos aún qué página de la historia moderna se estará escribiendo ahora en este palacio que ha conocido episodios de todos los colores, desde la proclamación de la Segunda República hasta las torturas de detenidos antifranquistas, pero no parece que vaya a ser un pasaje muy edificante. Todo indica que asistimos a la liquidación por derribo de uno de los grandes partidos del país. Entre la calle Génova, la plaza de Cibeles y la Puerta del Sol se dibuja un triángulo por el que vuelan denuncias, acusaciones, golpes bajos y navajazos a discreción. Poco diferirían estas reyertas de las habituales pugnas intestinas de los partidos si no fuera porque se están produciendo a la vista de todos y sin otro desenlace previsible que no sea la aniquilación del adversario. Pero lo que como espectáculo de entretenimiento no tiene precio, como hecho político resulta desalentador si se tiene en cuenta quién va a salir ganando de todo esto. Mientras el PP se hace el harakiri, la bestia contempla la sangría a distancia y en silencio. La bestia sabe lo que se hace. En los últimos tiempos ha ido engordando a fuerza de gestionar los miedos de la ciudadanía, administrar su aturdimiento, sacar provecho de su malestar y avivar su frustración. Ahora ni siquiera necesita lanzar gruñidos de llamada. Le basta con dejar correr los acontecimientos y ofrecer su regazo a toda la gente de derechas que se sienta dolida, defraudada o huérfana. Ayer por la mañana una columna de humo salía de los tejados del edificio de la Comunidad de Madrid, justo frente a la placa que señala el kilómetro cero del territorio español. El humo podría provenir perfectamente de las chuletas de los sacrificados del PP puestas a asar en la parrilla mientras Vox salivaba desde la plaza pensando en el festín que le espera.

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