"Creíamos que lo serio era la reforma laboral y que lo frívolo eran cosas como el Benidorm fest"

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José María Romera

Publicado el 05/02/2022 a las 06:00

Creíamos que lo serio era la reforma laboral y que lo frívolo eran cosas como el Benidorm fest, pero he aquí que los términos se han invertido: la votación de la reforma produce hilaridad, y en cambio las disputas en torno al concurso de canciones están alcanzando una altura intelectual estimable. En parte es normal: pones frente a frente a Adanero y a Chanel y no hay color. Quiero decir que puestos a entretenerse tira más un reguetón con su coreografía electrizante que un caso de indisciplina política, por más que estuviera en un tris de hacer peligrar la estabilidad del Gobierno. Se viene hablando mucho del distanciamiento de las masas de los grandes problemas que les afectan, paralelo al auge de la sociedad del entretenimiento. Pero no es que la gente se desentienda de lo importante, sino que como lo ve cada vez más incomprensible prefiere desviar su interés a objetos cercanos que le proporcionan cierta ilusión de participación en los asuntos públicos, lugares en los que volcar sus naturales ansias de debate y controversia. Esta vez los guionistas de la fase local de Eurovisión lo hicieron bien. En pocos días lograron convencer a la audiencia de que no estaba ante unos simples productos de la industria musical sino ante opciones vitales concernientes a las identidades, la territorialidad del estado, el feminismo, la maternidad, la diversidad y unos cuantos valores más. Al llegar a las discutidas votaciones se les fueron añadiendo el sentido de la justicia, la moral, los delitos de odio, la salud emocional y la cultura de la cancelación. Ni Uribarri en sus mejores tiempos lo habría podido imaginar. Como esto se prolongue, antes de la final de Turín el caso puede acabar en el Supremo, o en el tribunal de Estrasburgo, y entonces podremos decir que la política ha sido derrotada definitivamente por el espectáculo, ahora en sentido literal. Aunque todo se haya debido a una calculada operación comercial, tal vez sea mejor polarizarse con canciones que con partidos. Nos embruteceríamos igual que con la trifulca política, pero al menos lo haríamos al son de alegres y pegadizas melodías.

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