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"Si a alguien ha puesto en evidencia la pandemia es a los líderes que consideran que las reglas no van con ellos"

El año pasado por estas fechas la gente volcaba su indignación en los espabilados que se aprovechaban de su posición de poder o de privilegio para saltarse la cola de las vacunas. Doce meses después seguimos practicando la misma disciplina deportiva de caza al chivo expiatorio, pero adaptada a nuevos objetivos. Al cantante negacionista y el tenista antivacunas y tramposo les ha sucedido el líder político organizador de fiestas en su residencia oficial durante el confinamiento, un espécimen singular que a la condición de transgresor irresponsable añade la de mentecato: el perfil ideal para ser acreedor de todas las tortas cuando el cansancio general impide distinguir bien entre buenos y malos. Lo que irrita de Johnson no es que ejerciera su legítimo derecho al solaz, sino que lo hiciese a escondidas y con el riesgo de extender los contagios. Y lo que exaspera es que tras contravenir las normas sanitarias decretadas por su propio gobierno declarara que las desconocía. Pero algunas críticas dan una vuelta de tuerca a los cargos y añaden el de salir a hacer deporte con una indumentaria mejorable. Son los efectos de esta época platónica que no distingue entre ética y estética, ni entre estas y sabiduría. El historial político de Johnson, filólogo clásico, biógrafo de Churchill y especialista en la obra de T. E. Lawrence, transmite una lección importante: los libros pulen, pero solo en parte. Hay otra parte de nosotros que permanece resistente al proceso civilizatorio y que a veces se manifiesta de la forma más grosera. Si a alguien ha puesto en evidencia la pandemia es a los líderes que consideran que las reglas no van con ellos y que por el hecho de permanecer en la cúspide le son permitidas conductas ilegales o condenadas socialmente. Puedes conducir a tu país al abismo del brexit, dejarlo sin camioneros, hundirle la red ferroviaria o exponerlo al ridículo internacional de estar representado por un bufón excéntrico sin que nada de eso merme tu popularidad, pero lo que tus compatriotas no te perdonarán es que te burles de ellos aunque sepas recitar de memoria la Ilíada en griego arcaico. Al final va a resultar que el virus hace justicia.
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