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"Bromeamos con lo dramático y fruncimos el ceño ante lo ridículo"

Lo malo del humor es que está mal distribuido. Bromeamos con lo dramático y fruncimos el ceño ante lo ridículo. Nos hemos vuelto extremadamente susceptibles a cualquier crítica sobre costumbres, preferencias o inclinaciones particulares propias y ajenas, pero nos parece de perlas que alguien se tome a guasa los grandes problemas de la humanidad, desde el cambio climático hasta la manipulación de alimentos, las desigualdades sociales, las crisis migratorias o las amenazas bélicas. Será porque estos horrores, por ciertos que sean, nos vienen tan grandes que no nos quitan el sueño. No pasa nada si los conjuramos con unas cuantas risas, como en esa película titulada ‘No mires arriba’ que tanto éxito está teniendo en la cartelera de las plataformas. Ya lo propuso el clásico: “In tristia hilaris, in hilaritate tristis”. O sea, reírse en las circunstancias tristes y entristecerse ante lo risible. Ahora se ha puesto de moda mirar la realidad a través del filtro de la ficción. Los políticos se explican con metáforas sacadas de las series y los telefilmes. Y las sencillas gentes de a pie nos afanamos en imitar los modelos que nos ofrecen las pantallas y los videojuegos. Pero, dado que el primer mandamiento de las ficciones modernas es que deben resultar divertidas, todo acaba siendo motivo de chirigota. Igual es que de esa manera llegamos mejor al fondo de los asuntos, como sostenía Horacio. Por seguir con la clase de latín de hoy: “Ridente dicere verum, quid vetat?”. ¿Qué impide decir la verdad por medio de la risa? Mientras los conflictos de envergadura se convierten en alegres números de circo, en las relaciones cotidianas se impone una solemnidad feroz, un rigor sombrío e inflexible que lleva a lapidar al discrepante en materia de identidad, afinidades políticas, lenguas maternas o gustos musicales. Las personas más sabias (y más decentes) que uno ha conocido en su vida se tomaban muy en serio los asuntos decisivos de la existencia, la individual y la colectiva, pero cultivaban un humor a prueba de bomba en las distancias cortas, en especial para comprender al otro y para reírse de sí mismos. Sugerencia para una meditación de año nuevo: pensar si no nos iría mejor volviendo al orden humorístico tradicional.
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