"Un año para no olvidar"

Actualizado el 28/12/2021 a las 12:23
Cuando llegan estas fechas suele ser bastante normal hacer un alto en el camino y, a modo de balance, analizar y valorar los acontecimientos más relevantes y que más nos han impactado a lo largo del año. Ese particular inventario que a muchos de nosotros nos mueve a reflexionar sobre ellos y, de paso, tantas veces, a proyectar objetivos y ajustes de vida que, aunque desgraciadamente casi nunca se cumplen, al menos, sirven para no enfriar y seguir manteniendo viva nuestra siempre respetable voluntad de mejora como personas. Y desde esta perspectiva, este 2021 que se agota ha sido pródigo en situaciones que nos han conmovido la conciencia y llegado al corazón. Un año especial como para no olvidar.
Perfectamente lo podríamos recordar por los atroces varapalos geofísicos que hemos sufrido: en invierno la borrasca Filomena azotó gran parte de la península, tampoco faltaron los consabidos y sospechosos incendios forestales de verano, y desde otoño el de Cumbre Vieja, parece agotado, ha dejado sin respiración y, sobre todo, sin casa y sin trabajo a multitud de palmeros. Por cierto, ¿cómo habrán pasado las navidades? Y en Navarra y Aragón las recientes y catastróficas inundaciones han cerrado un año penoso. ¿Estará enfadada la naturaleza por tanto maltrato que infligimos al medio ambiente?
Sin embargo, para el conjunto de la sociedad el evento más memorable y relevante ha sido (y sigue siendo) la situación pandémica. Apareció pronto la vacuna y nos las prometíamos muy felices, íbamos a ganarle la partida al bicho que nos había tenido en vilo y coartado la libertad durante los dos últimos años. Y como quien no quiere la cosa nos hemos plantado en diciembre y nos enteramos de que no es oro todo lo que reluce: la vacuna, aunque sigue salvando vidas y ha rebajado la gravedad de la infección, no ha resultado ser la panacea que todos esperábamos, los contagios, así como la carga hospitalaria, han aumentado de un modo preocupante y la sexta ola en pleno apogeo y su prolífica ómicron nos desafía de nuevo. Probablemente no sea motivo de máxima alarma, pero sí de incertidumbre y agobiante inquietud y para colmo la ansiada normalidad navideña, frustrada para muchas familias, llena de inseguridades, dudas y recelos. Todo nuestro gozo en un pozo: indefensos continuamos en la cuerda floja y con el alma en un puño. Una vez más, esa desnudez que denuncia nuestra vulnerabilidad y lo poquita cosa que somos. Inapelable cura de humildad que deberíamos tener siempre presente.
Pero tal vez la realidad más descorazonadora sea la que en octubre reflejaba el informe FOESSA de Cáritas que, como si no fuera con nosotros, tan pronto hemos olvidado. Un testimonio que reflejaba con inquietantes cifras cómo la pandemia ha agravado la precariedad económica de la población menos favorecida y la progresiva tendencia de los últimos años a la desigualdad entre los distintos grupos sociales. El estudio revelaba que la pobreza severa (535 euros mensuales por unidad familiar) alcanza casi al 13% de los españoles y con mayor incidencia en la población infantil. Asimismo, constataba que el colectivo de los más pobres había aumentado de manera considerable paralelamente al de los superricos. Muy fuerte. La brecha económica cada vez mayor. Una auténtica vergüenza. Y es cuando, no lo puedo remediar, me acosan las dudas: ¿todo es culpa de la pandemia o algo tendrá que ver este desaforado y cada vez más deshumanizado capitalismo en el que estamos inmersos?, ¿esta es la sociedad del bienestar y el progreso? Algo falla, es obvio que no estamos haciendo bien las cosas. Tampoco lo deberíamos olvidar.
Sin embargo, a pesar de tantas sombras o precisamente por ellas, me gustaría acabar el año ilusionado y con buenas vibraciones y, fiel a la tradición, me he propuesto un triple objetivo: voy a intentar ser menos olvidadizo, menos prepotente y un poco más solidario. Casi nada. Y si lo lograra, sería un milagro, este 2022 que por la puerta asoma podría ser un poco más alentador, como mínimo para mí.
Luis Arbea Aranguren. Psicólogo y Filósofo.