“Una figura navideña es un atajo a la infancia y una reliquia de nosotros”

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Chapu Apaolaza

Publicado el 30/11/2021 a las 06:00

Es hora de poner el Belén en casa, o lo que queda de él. Una figura navideña es un atajo a la infancia y una reliquia de nosotros. Con el paso de los años, el pastor ha perdido un brazo que nadie encuentra. La cabeza está apañada con pegamento de contacto que deja en su garganta una línea de fractura con gota transparente. También le han volado la nariz y ahora tiene un aire de boxeador de gimnasio quinqui. A los romanos dan ganas de mandarlos a que les hagan una radiografía. Desconfío de las familias con belenes perfectos. Las figuras del Nacimiento tienen que estar arrasadas porque así representan nuestro paso por este mundo. Un día vas con tu padre a comprar un pastor, y en ese recuerdo te reconoces intacto.

Después la vida te va quitando trozos y ahora te ves ahí con una rodilla clavada en el musgo del Belén y seis o siete heridas de guerra. Pero el pastor sigue estando allí y uno sigue siendo uno. Por lo demás, la vida es eso, trozos de espumillón, esquirlas de bola rota, una bombilla perdida sin la cuál la tira de luces no funciona y todo lo que uno se encuentra en el fondillo de la caja del Belén, apurras de aquel niño repegado con supeglú, retales de lo que uno fue.

Poner el Belén es ponerse a uno mismo y encontrarse en esa cosa que el tiempo erosiona y hace migas gracias a la fantástica destrucción que es la existencia. Alguien ha roto la bola de la abuela, el perro ha mordisqueado la cerda que ya no tiene cerditos y al paje de Gaspar se le ha ido la pintura de la cara como si hubiera sido herido en una explosión.

Solo el brillo del papel de aluminio del río y el verde del musgo son eternos. Por lo demás, la Navidad consiste en romperse y en saberse rotos y desiguales: la gallina es más grande que la cabra, el pavo tiene el tamaño de un gorrión. Ahí está el Niño, Rey de los hombres nacido en un establo y rodeado de un ejército de mutantes desmembrados que acudimos a adorarle.

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