"Tal escasez me parecía impensable en el mundo de hoy, pero la vida me ha desengañado"

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Lucía Baquedano

Actualizado el 07/11/2021 a las 10:21

Estos días he vuelto a leer Cuerpos y almas, novela que causó revuelo en mi juventud, ya que casi podría decirse que no se alcanzaba la madurez lectora hasta no conocer la obra de Maxence van der Meerst. En mis años mozos decíamos que era “una novela fuerte”, y sigue siéndolo, a ver si no cómo podemos juzgar a ciertos cirujanos que hacían un convenio con médicos de cabecera para que estos recomendaran el mayor número de intervenciones quirúrgicas, aun innecesarias, para percibir la mitad de los honorarios del cirujano; o al que incapacitado ya para operar seguía haciéndolo poniendo en riesgo la vida del paciente. “Fuerte”, sí, ver cómo médicos sin conciencia se hacían ricos mientras los honrados, a quienes los pobres no pagaban porque no podían y los ricos olvidaban hacerlo, apenas llegaban a fin de mes. Sorprende que en 1943, que es cuando se publicó la novela, se supiera tan poco de ciertas enfermedades, como las mentales, e incluso la tuberculosis que ahora y gracias a los antibióticos se cura tan fácilmente. ¿Ha resistido la novela el paso del tiempo? No sabría decirlo, ya que como nos hemos acostumbrado a ver tantos chanchullos monetarios a nuestro alrededor, los de Cuerpos y almas incluso parecen cosa menor; y viene bien comparar los avances médicos ahora que tanto lamentamos el descenso en la calidad de nuestra sanidad, antes tan elogiada. La obra se publicó en 1943 y la edición se agotó enseguida, pero no pudo reimprimirse debido a la escasez de papel por causa de la guerra, por lo que algunos ejemplares de segunda mano llegaron a cotizarse al fabuloso precio de 30.000 francos. Tal escasez me parecía impensable en el mundo de hoy, pero la vida me ha desengañado ya que acabo de enterarme de que, en medio de la gran crisis de materia prima que empezamos a padecer ya faltan no sólo palés y botellas para el vino y demás, sino también papel, hasta el punto de que las editoriales empiezan a tener problemas para sacar a tiempo las publicaciones. ¿Estamos retrocediendo peligrosamente a los tiempos en que se editó Cuerpos y almas?

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