"Todos se tientan la ropa antes de conjugar el verbo prohibir"

Actualizado el 19/07/2021 a las 14:32
Bueno, pues ya hemos llegado a donde nadie quería llegar mientras unos y otros hacíamos todo lo humanamente posible para acabar llegando: a la vuelta a las restricciones. Quizá ese sea nuestro sino, con pandemia y sin ella. Los acontecimientos del arranque del verano invitaban a sospechar que cuando apenas nos habían dejado sueltos ya estábamos sintiendo cierta nostalgia de las cadenas. En este sentido, el Tribunal Constitucional ha mostrado menos sensibilidad que el Gobierno en lo tocante a tomar el pulso al honrado pueblo de esta Iberia indómita. No hay mejor prueba del acierto en la declaración del estado de alarma que los últimos datos de incidencia acumulada, un aplastante alegato contra la libertad de circulación y a la vez una descorazonadora radiografía de esta sociedad nuestra que antepone los fiestorros a la salud. Así que de nuevo desandamos lo caminado, pero procurando que no se note mucho, por si los votos. Desde que las últimas elecciones madrileñas fueron ganadas gracias al uso ventajista del concepto de libertad, todos se tientan la ropa antes de conjugar el verbo prohibir. En ese sesentayochismo verbal se inscribe la nota de prensa donde el Gobierno navarro anuncia una nueva “limitación de la movilidad nocturna” decidida tras -conteniendo la respiración- “analizar la situación epidemiológica del Covid-19 dentro del trabajo de continua monitorización del escenario del virus en la Comunidad Foral”. O sea: visto el panorama, toque de queda. Más lejos ha ido el Gobierno vasco, en cuyo último decreto antibotellón “se determina la imposibilidad de permanencia en grupos de no convivientes entre las doce de la noche y las seis de la mañana”. O sea, bis: otro toque de queda pero rizando el rizo de la elusión y el eufemismo. A partir de este hito en la escalada del circunloquio, prohibir no será prohibir sino determinar la imposibilidad de algo. Por de pronto, yo ya me he determinado a mí mismo la imposibilidad de leer normas oficiales por un largo periodo. De hoy en adelante me limitaré a atender los avisos de los más directos, como Carlos Artundo. “Les va a caer una buena” ha advertido el director general de Salud a quienes se salten las normas. Eso es prohibir, en corto y por derecho.