“Los indultos no pueden ser un premio”

El presidente de la patronal española entró ayer en el debate político más partidista con su inesperado apoyo a las tesis de Sánchez. Una postura que abre grietas en su propia organización

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Diario de Navarra

Actualizado el 18/06/2021 a las 06:00

El presidente de la CEOE, Antonio Garamendi, terció ayer de forma muy desafortunada y fuera de toda lógica en la polémica política sobre los indultos a los líderes secesionistas catalanes. Desató toda una tormenta con sus declaraciones en las que no rechazó los indultos a los condenados por el procés si pueden servir para “normalizar las cosas”. Garamendi, con o sin intención, provocó un evidente malestar tanto dentro de la organización empresarial que encabeza como en todos los partidos de centro-derecha. Una cosa es plantear la necesidad de la estabilidad política, tal como después quiso matizar el propio Garamendi, y otra muy distinta sostener que los indultos ayudan a que las cosas se normalicen. No es cierto. La medida de gracia que parece cada vez inminente por parte de Sánchez, se produciría sin que los afectados haya mostrado el más mínimo gesto de arrepentimiento por su golpe a la legalidad constitucional. Si a alguien cabe imputar la situación de anormalidad que hoy vive Cataluña es al secesionismo, que decidió protagonizar un referéndum ilegal. Por ello, el indulto provoca una ola de indignación en muchas capas sociales porque sólo se entiende desde el interés puramente político del presidente para sostener sus alianzas. Garamendi, con sus declaraciones, lo único que ofrece es un balón de oxígeno a Sánchez. Todo dentro de una compleja y excepcional situación política en Cataluña. La que hace parecer simbólico un ejercicio de elemental educación, que forma parte de las obligaciones institucionales, como el breve saludo del presidente de la Generalitat al Rey en un encuentro empresarial. La competencia interna e incluso la inquina mutua entre los dirigentes de las distintas marcas del independentismo no puede ser admitida como eximente, sino en todo caso como agravante de una conducta basada en el ensimismamiento secesionista, el exclusivismo y la exclusión. La división del soberanismo no abre esperanzas a la pluralidad porque nuclea el mecanismo identitario que cierra el paso a la concordia sobre bases comunes al conjunto de los españoles. Corresponde al independentismo gobernante asegurar la estabilidad política en Cataluña renunciando a aventuras y desaires.

 

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