"No sé por qué tenemos más miramientos con las palomas que con las ratas"

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User Admin

Actualizado el 16/05/2021 a las 23:40

Ya solo nos faltaban las palomas. No solo tenemos que estar en las terrazas con mascarilla, o andar saltando de mesa en mesa para ver a los amigos cuando nos juntamos más de cuatro, que parece que estamos en una de esas sesiones de citas rápidas en las que de vez en cuando hay que cambiar de compañero. No, ahora tenemos que estar pendientes de que las palomas no asalten la mesa y se lleven el pincho, como denunciábamos hace unos días .

Por supuesto, el Ayuntamiento, que hasta que apareció la noticia en el periódico había tomado a la propietaria de la terraza por el pito del sereno, reaccionó, una vez se vio en los papeles, con la agilidad que le caracteriza. Ya tenemos un plan, recordaba, “que está dando buenos resultados en el conjunto de la ciudad”, aunque se cuidaba mucho de decir cuáles eran esos buenos resultados.

“Se van a estudiar los diferentes métodos existentes para la reducción de la población de palomas, evitando su sacrificio. No se descarta ninguno de ellos, como, por ejemplo, la captura localizada y puntual de ejemplares, siempre que se garantice el bienestar de los animales y que no implique sufrimiento o daño”, aseguraba el Ayuntamiento en una nota.

Pues la verdad, no sé por qué nos andamos con más miramientos con las palomas que con las ratas, cuando el propio consistorio reconoce que pueden causar molestias a los vecinos, los problemas de la suciedad de sus excrementos o que comienzan a suponer un posible riesgo para la salud pública con sus ataques indiscriminados contra los ciudadanos de bien que se están tomando tranquilamente un pincho en una terraza.

Por ahora solo tenemos en Pamplona la paloma que para los urbanitas es la normal, la bravía, y no se está instalando la torcaz (aunque algún blog ha seguido la nidificación de una pareja), que es como el primo de Zumosol de las palomas, con un volumen de los excrementos proporcional a su tamaño. Y también podemos estar contentos con las picarazas que se van extendiendo por la ciudad, a las que tenemos por un pájaro ladrón. Ahora, viendo su aspecto, las palomas son como quinquis de navaja en mano, mientras que las urracas parecen ladrones de guante blanco, dispuestas a robar la Pantera Rosa, que, como todo el mundo sabe, no es un dibujo animado, sino un diamante.

Después de los cuarenta días y cuarenta noches del diluvio, y cuando llevaban un año retirándose las aguas, Noé, cuenta el Génesis, soltó un cuervo que volvía al arca. Después hizo lo mismo con una paloma, que primero volvió con una rama de olivo; volvió a soltarla, y ya no regresó. Posiblemente, Noé estaba harto de que la paloma estropeara con sus heces toda la nave, y de que le quitara la comida de la mesa, y todo el relato fuera una coartada para terminar deshaciéndose de ella.

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