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Opinión
La ventana

Encuentro virtual

Foto de Lucía Baquedano.
DB
Actualizada 07/05/2021 a las 16:42

Cuando en 1981 publiqué mi primer libro, tan solo la máquina de escribir era la mediadora entre ellos y la imprenta. Yo utilizaba una Olivetti mecánica, aunque hacía tiempo que ya existían las electrónicas, de las que tuve dos, pero nunca me entendí muy bien con ellas. Por su parte, las editoriales todavía no habían llegado a mucho más, puesto que a máquina escribían los contratos y cartas que me enviaban por correo postal. Por fin un día me llegó una escrita con ordenador cuyas letras estaban formadas por puntitos. Poco a poco la escritura se fue perfeccionando y se enriqueció con diferentes tipos de letras y tamaños, mientras el ordenador empezaba a popularizarse, a entrar en nuestras casas. Ninguna editorial pedía todavía que le enviáramos los trabajos en soporte electrónico, ni exigía que estuvieran escritos en tal o cual tipo de letra, y aun existían escritores que renegaban del ordenador. Supongo que a estas alturas habrán claudicado ya. Y como todo esto va a velocidad de vértigo, hace unos días una editorial me pidió que participara en un encuentro virtual con los niños de un colegio de Colombia, que habían leído uno de mis cuentos infantiles Las vacaciones de Tachín. Hoy no puedo menos que agradecer este progreso que me ha permitido charlar y responder a las preguntas de un montón de lectores a los que de otro modo no hubiera podido conocer. Me gustó su forma de expresarse, que cada uno me saludara desde la pantalla con un: Buenos días señora escritora, para luego preguntar como cualquier niño de aquí, cuanto tiempo me costó escribir el cuento, cómo se me ocurrió la idea, o si pensaba seguir escribiendo historias de Tachín, todo ello en un castellano y acento diferente al nuestro. Eran todos encantadores, aunque me quedé con la duda de si mi lenguaje les resultó accesible, porque yo les hablé de “nuestro encuentro”, mientras la profesora se refería a él como “nuestro conversatorio”. Pero lo mejor para mí fue el que me dijeran que habían disfrutado con aquel libro mío que yo podía ver desde aquí en sus manos. ¿Se puede desear algo mejor?

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