"No es fascista todo el que no opine como Pablo Iglesias o Ramón Alzórriz"

Actualizado el 28/04/2021 a las 06:00
Toda amenaza debe condenarse, sin justificaciones, sin peros, sin generalidades. Punto y aparte. A partir de ahí, toda la inquina que se está generando en la campaña electoral madrileña es repugnante. Y se está extendiendo al resto de la geografía nacional. La hipocresía se ha convertido en deporte nacional y el odio en una estrategia peligrosa. Igual que hay que condenar las amenazas a los ministros socialistas y al líder de Podemos, Pablo Iglesias, también las agresiones a los miembros de Vox, los escraches a políticos del PP o de Ciudadanos, la agresión a dos guardias civiles y sus parejas en Alsasua, el terrorismo etarra... No es fascista todo el que no opine como Pablo Iglesias o Ramón Alzórriz. Ni se pueden alentar los “cordones sanitarios” contra partidos democráticos, cuando se gobierna gracias a los votos y los acuerdos con Bildu, que ni condena las amenazas ni los asesinatos de una banda criminal. Vivir en la sobreactuación, al final, pasa factura.