Asesinar la calidad

Actualizado el 28/04/2021 a las 10:31
Ante el perfil de buena parte de las audiencias de hoy día, perezosas, comodonas, acostumbrados como estamos a consumir mensajes simplistas, emocionales, cortos y esquemáticos, David Beriáin renunciaba al reduccionismo en la comunicación. Nos descubría a los seres humanos en sus extremos, para contarnos que somos tan buenos y generosos como ruines y peligrosos. Explicaba como nadie lo peor de la condición humana para que un gramo de coca llegue a la fiesta de nuestro pueblo o para que un movimiento político aumente un gramo su poder.
Tocaba el alma de los conflictos humanos, trataba de entender al otro, lo que para nada quiere decir compartir los postulados del otro. Para hacerlo bien se doctoró en esos bachilleratos por libre de los periodistas de jugarse la vida de joven y prácticamente gratis.
Sobrexpuestos como sociedad a un exceso de información, cuando apenas interesa el trabajo de los fotoperiodistas en los espacios más complicados del mundo, y cuando los públicos cambian de canal ante los contenidos que incomodan nuestra conciencia, el periodista de Artajona y su mujer fueron capaces de encontrar nuevas ventanas de exposición y caminos de difusión para hacer altamente interesantes sus trabajos en los canales temáticos. Y, además era capaz de dar salida a su producto en formato largo, en la cultura más rica del documental, algo que requiere calidad, tiempo, información, mucha ética, reflexión y sentido empresarial.
Sabía que corría peligro, pero recordaba que, en su oficio y en nuestro entorno, cualquier corresponsal de zona corría riesgos de ser silenciado en los tiempos del tiro en la nuca. Han asesinado a un periodista y un cámara que intentaban ofrecer periodismo de calidad en los tiempos del click y de los recortes a la verdad.
Gabriel Asenjo, doctor en Ciencias de la Información