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Opinión
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"He aquí un tipo íntegro, tenaz, irreductible: el solotildista"

Actualizada 18/04/2021 a las 10:57

He aquí un tipo íntegro, tenaz, irreductible: el solotildista. Así se hace llamar el partidario de poner tilde en el adverbio “solo”, en contra del criterio ortográfico vigente, para distinguirlo del adjetivo “solo”. Cuando no lo proclama con orgullo en artículos y columnas periodísticas entra en acalorados debates en las redes sociales y pelea a brazo partido igual en las aulas que en los consejos de redacción. Antes morir que permitir ese expolio. Pero no es la suya una defensa meramente ortográfica. Al declararse insumiso contra la norma el solotildista se siente abanderado de la tradición, protector del patrimonio histórico, firme valedor de las esencias del idioma y, si le apuran, patriota. Ha creído ver en la tilde el símbolo de una cultura en peligro, el último reducto de una fortaleza sitiada por las huestes del cambio por el cambio, el ejemplar de una especie en peligro de extinción a cuya supervivencia ha decidido consagrar sus desvelos contra viento y marea.

Porque para el solotildista aquellos que han acatado la norma de escribir “solo” desprovisto de tilde representan el enemigo al que hay que hacer frente sin contemplaciones. La causa del solotildista inspira la ternura de las rabietas del niño privado de su juguete y la compasión del cateto aferrado al rabo de su boina, como si en ambos casos estuviera en juego el orden del universo. No le valen las razones de la ortografía ni las de la lógica, por aplastantes que sean. Sus argumentos se limitan a cuatro trabalenguas elementales con los que pretende demostrar lo útil que resulta la tilde para evitar ambigüedades en el mensaje. Ambigüedades, dice el infeliz, como si no fueran consustanciales al lenguaje, como si en una simple tilde estuviera la solución de los constantes malentendidos que provocamos con las palabras. Pero no importa: su postura es una cuestión de honor más que de escritura. Tal vez por eso el solotildismo cuenta entre los suyos con algún que otro escritor de éxito infiltrado en la RAE que no tiene reparo en fomentar la ignorancia vistiéndola de heroica rebeldía contra la institución a la que pertenece.


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