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OPINIÓN

“Durante unos días he temblado pensando que cualquier vecino asaltaría los cielos para hacerse con el poder”

Avatar del Lucía BaquedanoLucía Baquedano28/02/2021
Ha sido una reelección que cualquier político envidiaría: sin campaña ni elecciones. Nada de aparecer en polideportivos forzando la voz hasta enronquecer, abrazar ancianos y hacer carantoñas a los niños. Ni siquiera marcarse un baile como hacen algunos. Nada. La reelección se ha hecho a dedo sin que nadie haya levantado la voz en contra. Y la culpa es del maldito covid que ha trastornado la vida de tantos, infiltrándose por todos los rincones, incluso los más inesperados.
A nuestra vecindad llegó oculto en el sobre de la entidad que lleva la administración de la casa. Como cada comienzo de año han enviado las incidencias y cuentas del 2020 y al final de la comunicación nos dicen que a causa del virus no podemos reunirnos como en ocasiones anteriores, aunque seguirán atendiéndonos telefónicamente y se prolongará durante otro año la presidencia de la casa. Y como la presidenta es servidora, me encuentro de nuevo, y durante otros doce meses, asumiendo el poder presidencial, sin pasar por todo ese rollo de unas elecciones. Confieso que durante unos días he temblado pensando en que cualquier vecino asaltaría los cielos para hacerse con el poder. Incluso he temido que hicieran un escrache a las puertas de mi casa, para afear mi conducta de no rechazar la repetición del mando.
Pero nada ha ocurrido, no sé si por la emoción del nacimiento de una vecinita, o porque más que buenos son dejados y nada les importa el que me dé por cambiar la bombilla de mi rellano, que se acaba de fundir, o que me haga la tonta cuando se estropee la puerta de abajo. Más, pese a la aparente calma, no las tengo todas conmigo.
Temblando estoy de que se abran de nuevo las salidas provinciales, porque puede que algún vecino envidioso y malintencionado, se desplace a Andorra, para ver si entre los nombres de políticos y deportistas aparece también el mío en algún banco. Y es que, dos años seguidos de presidencia vecinal dan para mucho, ¿no les parece?
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