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Opinión
La ventana

Rapero

Actualizada 20/02/2021 a las 06:00

Es curiosa la ligereza con que se invoca la libertad de expresión justamente en aquellos casos donde lo último que está en juego es la libertad de expresión. A primera vista este derecho queda un poco empobrecido cuando ampara a mastuerzos como el rapero Hasél, pero nadie dijo que el ejercicio activo de la democracia fuera cómodo. Con frecuencia toca exigirlo en favor de quienes menos dispuestos están a respetarlo. A defender la libertad de expresión hay que ir como a las urnas: con la nariz tapada y unas buenas botas para el barro. Uno lee los tuits que han llevado al rapero a la cárcel y comprende inmediatamente el significado de adjetivos como bruto, descerebrado, repugnante o abominable: más o menos los mismos calificativos que inspiran las palabras de la joven fascista del homenaje a la División Azul. Sin embargo, que merezcan los mayores reproches estéticos y morales no significa que autoricen a meterlos entre rejas. Es este un gastado debate donde la obviedad choca de bruces contra la humana tensión ocular entre la paja y la viga. Una buena muestra de ese desajuste la dieron los manifestantes que al grito de libertad de expresión atacaron la sede de un periódico y agredieron a los cámaras que tomaban imágenes de los altercados. Los jueces no están para perseguir la necedad. Si esta ha de recibir alguna sanción en el caso del artista, debería venir dictada por el público en forma de abucheo o de lluvia de tomates. Pero la opinión deja de ser indolora cuando abandona el terreno enunciativo y se adentra en el exhortativo, como ha ocurrido ahora. No será la primera vez que una simple chispa hace estallar un polvorín bajo nuestros pies y saltamos por los aires mientras nos preguntamos de qué demonios va todo esto: si de libertad de expresión, de modas musicales, de leyes represivas, de violencia callejera, de abusos policiales, de paro juvenil o de sensacionalismo de los medios. Lo que sí queda claro es que en medio del barullo el tal Hasél ha alcanzado la gloria sin pasar antes por el mérito.


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