Nueva normativa de vivienda: ahora o nunca

Actualizado el 26/07/2020 a las 06:00
Basta con entrar en la web del Gobierno de Navarra para poder participar, hasta el 31 de agosto, en el proceso de participación ciudadana abierto desde el Servicio de Vivienda y realizar sugerencias, aportaciones y opiniones para modificar el vigente decreto de Habitabilidad, aprobado en 2006. Una gran oportunidad para poder colaborar en la redacción de una nueva normativa que regule cómo deben ser las viviendas del futuro en Navarra y, sobre todo, para definir cómo se aplica esa norma a las viviendas más antiguas.
Ya desde 2006 se produjo una fuerte reacción contra la nueva norma. Se trabajó con gran consenso entre todos los partidos políticos y con personas afectadas, especialmente del Casco Antiguo de Pamplona. Se debatió, se acordó, hubo mociones de pleno aprobadas por unanimidad, intervino incluso el Defensor del Pueblo y finalmente se dispuso de un texto definitivo en 2008. Tristemente, nunca se aprobó.
En los casi 15 años de vigencia de la norma se ha conseguido algo tan difícil como concitar el consenso casi unánime de que la norma debía cambiarse ya desde su aprobación.
Los ciudadanos demandan viviendas dignas de precio y renta asequible y uno de los modos directos de conseguirlo es facilitar su construcción y, sobre todo, la rehabilitación de los edificios ya existentes, la división de las viviendas de excesivo tamaño, hacer programas de vivienda más flexibles y que se ajusten a las nuevas necesidades y todo ello con el menor coste posible.
El parque residencial de la Comunidad foral, más de 320.000 viviendas, tiene una antigüedad media de 55 años, más de la mitad fueron edificadas antes de 1980 y de ellas 100.000 hace más de 50 años. Entre esas viejas viviendas se incluyen las de los Centros Históricos, las de los Ensanches de principios del Siglo XX, los nuevos barrios de los años 60-70, las llamadas casas baratas de tantos pueblos de Navarra.
La normativa vigente pretende hacer pasar por el mismo tamiz a un caserío del Baztan, a una vivienda entre medianeras del abigarrado Casco Antiguo de Tudela o los viejos caserones de la Navarra Media y eso no sólo es inviable, eso es radicalmente negativo. La pregunta es ¿para qué? ¿Qué conseguimos de positivo con ello?
En Navarra se ha encarado con decisión la rehabilitación de esos viejos edificios, algunos muy viejos, los de nuestros Cascos Antiguos principalmente, desde el convencimiento de que nunca se puede despreciar lo viejo porque no es ni la excepción ni, mucho menos, un plato de segunda mesa frente a lo nuevo. Lo importante es que lo que ya está construido se habite respetando sus valores. La normativa vigente eso no lo tiene en cuenta y hay que cambiarla desde una acción política decidida, porque la decisión es política, basada en informes técnicos, claro que sí. Pero política.
Las viejas arquitecturas, que a menudo son vistas sólo como infraviviendas, afortunadamente existen, tienen sus propios valores y hay que preservarlas ajustándolas razonablemente a las nuevas exigencias sociales.
En cada zona de Navarra existen distintas tipologías de vivienda, de entornos urbanos y rurales y lo lógico es que la norma se ajuste a esa variedad y no que sean ellas, las viviendas que ya existen, las que tengan que someterse a un modelo universal.
Para ello, la norma tiene que ser flexible, para adaptarse a cada entorno, a necesidades cambiantes y sin querer imponer soluciones únicas a situaciones diversas; por eso, en las viviendas que ya existen, las condiciones de habitabilidad deben obtenerse de manera progresiva, poco a poco y sin imponer exigencias casi imposibles de cumplir.
En este mismo sentido, deben ser los planes de ámbito municipal, en concreto los Planes Especiales de los Centros Históricos, quienes establezcan las condiciones específicas para las viviendas de su ámbito y, allí donde haya servicios técnicos municipales formados en esta materia, los ayuntamientos quienes tramiten las cédulas de habitabilidad.
Finalmente, una cuestión a mi juicio capital es el derecho que tiene el propietario de una vivienda existente sin cédula de habitabilidad a obtenerla aunque no cumpla con las exigencias de la normativa actual. Toda vivienda por el mero hecho de serlo tiene derecho a la cédula. Se evita así la situación de indefensión que se produce para todos aquellos que disponen de una vivienda que, por la razón que sea, normalmente porque nunca han necesitado solicitarla, no dispone de ella. Cuestión distinta es la forma de demostrar que la vivienda existe como tal si no dispone de cédula. En este sentido, bastaría para ello cualquier documento público que así lo justifique.
Es éste el momento para hacer aportaciones que mejoren la vigente normativa que regula las viviendas en Navarra. El documento elaborado en 2008 desde la Oficina de Rehabilitación de Pamplona con la colaboración y consenso de numerosos agentes sociales, políticos y técnicos puede ser una buena base de partida para ello. Ya se lo hemos hecho llegar al Servicio de Vivienda y lo ponemos a disposición de todos los ciudadanos interesados en él. Como decía al principio, ahora o nunca.
Enrique Maya Miranda, alcalde de Pamplona
