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Opinión
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Pachi era el del bigote

foto de Pachi Calleja con su inseparable cámara de fotos
Pachi Calleja con su inseparable cámara de fotos.
DN
Actualizada 27/05/2020 a las 14:02

Carlos y Pachi forman los Calleja, un tándem inseparable hasta que Pachi decidió este martes 26 de mayo bajarse y decir adiós. Lo suyo era una pareja de hecho tan sólida como el Gordo y el Flaco. Como Isabel y Fernando. Como Tom y Jerry. Formaban parte de una misma moneda. Si la cara fue Pachi. La cruz era Carlos. O al revés. Que tanto monta. Monta tanto. Fue una fusión fraguada desde el útero materno. Nacieron gemelos y en algún momento debieron decidir que seguir juntos no sería mala opción. La vida les hizo compartir camino. Y el tiempo les dio la razón. Los dos fueron periodistas. Fotógrafos, ambos. Vinculados a Diario de Navarra siempre. Eran colegas, amigos, compañeros de piso, de vida, de confidencias y desde que los médicos diagnosticaron la enfermedad de Pachi, su compromiso se renovó de por vida. Pachi era el mayor. Alguna vez lo decía con esa socarronería que le dio después éxito en redes sociales porque había venido al mundo como cuatro o cinco minutos antes que su hermano. Siempre firmaron las fotos juntos: Calleja. Sin otro personalismo que el compartido bajo el apellido de solera fotográfica que estrenó su padre y heredaron Carlos y Pachi. Pachi pateaba la calle, la ciudad y su comarca. Y Carlos también. Subía a las villavesas cuando se trasladaba de uno a otro lugar para fotografiar la actualidad si no lo hacía en el coche de algún redactor. Como Carlos. Porque ninguno tenía carné de conducir y pasaban por la vida como clones del otro sin que fuera fácil distinguirlos ni siquiera por los gustos. Los dos eran de Canon, de chaleco característico de fotógrafo, de caña y tabaco y de palabras, las justas. Solo un detalle revelaba que en algún momento Pachi tuvo un ataque de personalismo y que cada uno, oiga, pese al parecido y a todo, era cada quien. Fue el día que Pachi se dejó bigote. Hasta el bigote fue como él. Discreto y casi imperceptible para los jóvenes periodistas que acompañaban y aprendían del reporterismo callejero con Pachi o, con Carlos. Ellos nunca sabían identificarlos. Eran dos gotas de agua. Una ha decidido seguir el curso del río camino de otro lugar. Carlos, su hermano, colega y compañero le ha acompañado hasta la puerta de salida. Probablemente porque siempre supo que Pachi tendría que abandonar antes el lugar al que había llegado primero.


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