El miedo no guarda la viña

La neuropsicología nos advierte tantas veces y de tantas maneras, que el miedo continuado no nos previene de nada

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Emilio Garrido

Actualizado el 21/05/2020 a las 06:00

De forma habitual leemos la información que nos ofrece Navarra. Yo llevo más de treinta años leyendo el Diario de Navarra desde que el Pensamiento Navarro y la Gaceta del Norte desaparecieron. Tuve la suerte del niño pequeño, viendo mis humildes y primeros escritos en ellos. Yo era alumno de cuarto de Románicas -así se llamaban entonces-, e hice mis pinitos, siempre con referencia a mi pueblo de Marcilla. Como les decía, sin mucho esfuerzo, voy recogiendo del DN mientras desayuno una serie de frases, palabras, conceptos, pensamientos, emociones, de toda índole, y mientras los leo -¡de verdad, me entra un hormigueo por todo el cuerpo!-, el lenguaje que se percibe, el que uno deletrea mentalmente mientras lee, es aunténticamente de miedo, negativo, como si a unos adultos se les asustase con el cuento de Caperucita y el lobo. Y lo más tétrico, que no reaccionamos a ese lenguaje continuo del miedo, de pánico subliminal, que va penetrando en nosotros de forma sencilla, con el adjetivo y modos de conducta de protección, ¡por vuestro bien!, porque si no os vais a desgraciar, si no hacéis lo que os decimos... Tanto es así que hay un porcentaje de la población que no se atreve a salir, tiene miedo, preocupada por contaminarse, a que le contagien. Y no salen.


Fíjense -con todas cautelas que quieran-, el lenguaje un día normal del DN: “La cautela, lo primero. El virus sigue al acecho. La prudencia es poca. Seguir a rajatabla las normas... Una nueva normalidad. Distintos estados de alarma. Expertos de una extraordinaria calidad. La seguridad cero no existe. Nada de papel impreso en los museos, teatros, misas... Nos quedan semanas y meses intensos, dramáticos y llenos de algunas incertidumbres todavía. No despedirse de un ser querido. Pasaporte inmunológico. División de las personas en grupos, tóxicas y no tóxicas. Brazaletes identificadores”. Para terminar -que no tiene culpa el DN, él solo reseña la información-, se proyecta el film de 1995 titulado: Estallido, virus que se inicia en el Zaire y se contagia en EE UU, similar al Évola... ¡Todo esto para que no se nos vaya de las manos nuestro miedo!


¿Cómo poner puertas al campo...? ¡Pues sí, se pueden poner puertas al campo con el miedo continuo, subliminal, repetitivo, dicho por personas que tienen cierto nivel de autoridad -¡aunque no la tengan!-, de prestigio profesional. ¡Ese miedo nos esclaviza, nos atenaza, nos paraliza, nos hace inútiles, no nos deja tener un criterio madurativo y responsable personal, crítico, y analizador de un lenguaje que nos oprime, que no merma la libertad y es puramente psicológico, emocional, amigdalítico, y nubla el córtex frontal izquierdo, que bloquea nuestro razonamiento y lo distorsiona.


La neuropsicología, nos advierte tantas veces y de tantas maneras, que el miedo continuado no nos previene de nada, al contrario, cuando es exagerado y pasa la frontera de lo tétrico, que oscurece, entristece y se hace grave, haciendo pensar en la muerte... ¡Nos debilita el sistema psicoinmune y nos lo hace más débil, más vulnerable, y aquellas personas, que ya de por sí son más lábiles -más sensibles-, son las más predispuestas a este terror, que nada favorece su proceso de adaptación a las nuevas coordenadas psicosociales a las que tenemos que encarar de frente. Situación que no se puede afrontar si tienes tanto miedo. Recuerde: ¡El miedo es el peor de los enemigos del ser humano!

Emilio Garrido-Landívar. Especialista en Psicología de la Salud

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