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Opinión
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Tu ciudad, mi ciudad

Maite Apezteguía.
Maite Apezteguía.
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  • Maite Apezteguía
Actualizada 17/05/2020 a las 06:00

Sigo necesitando hablar. Es como una reacción compulsiva que me permite salir de mi encierro, que me aleja de esta incomunicación a la que estamos obligados y me conecta con gente que, estos días, se siente como yo.


Por eso, si el otro día hablaba de lo tuyo, de tu casa, hoy me gustaría hacerlo de la casa de todos, la ciudad. De la tuya, que es la misma que la de tus vecinos y la de los comerciantes y los taxistas y los niños y los abuelos... Y también, la mía.


Estos últimos días, desde tus ventanas, has mirado con atención la calle pero no has encontrado demasiado interés. Te ha apetecido más subir la mirada y encontrar los ojos de tus vecinos. Bueno, ¡los ojos y las ocurrencias de cada uno! Y supongo que no hace falta que te explique por qué te ha pasado esto. La razón es que a los seres humanos solo nos interesa la vida.


Las calles vacías, calladas, inmutables desde el amanecer hasta el ocaso, te han ofrecido muy poco. Ni siquiera cuando la noche las ha adornado con las mismas luces de siempre han tenido éxito.


Sin embargo, no todo ha sido malo. Por fin, has dejado de ver los atascos, de escuchar los pitidos, de sufrir el estrés de cientos de conductores que se dirigen a recoger al niño, a la clase de gimnasia o a esa conferencia tan interesante. Y desde luego, no has echado en falta ni la riada de coches que no permiten atravesar tu calle con tranquilidad, ni el humo que expulsan de sus escapes, ni el agobio de que tu barrio se haya convertido en un infierno.


También, seguramente por primera vez, has visto despuntar la primavera en esos árboles que, muy lentamente, han ido echando sus brotes. Y has oído cantar a los pájaros. Porque las calles se han vaciado de algunas cosas para llenarse de otras.


Las imágenes de las avenidas desiertas han permitido visibilizar un espacio enorme. Ahora, de nosotros depende que se vuelvan a llenar de coches aparcados, de vehículos circulando en trayectos evitables; de bocinas, que no permiten escuchar a los demás; de humos, que dificultan ver el cielo. En nuestras manos está ganar suelo a la naturaleza, a los encuentros casuales, a las conversaciones informales y, en definitiva, a las relaciones humanas.


No, no soy ninguna ilusa que cree que esto se puede hacer de la noche a la mañana. Pero estoy convencida de que si no lo intentamos, nunca lo tendremos. Y sí, sí soy lo suficientemente optimista y ambiciosa como para creer que es posible si todos trabajamos para conseguirlo. Y cuando digo todos es porque nadie se va a quedar sin sus renuncias en esta historia.


Supongo que no conocéis el proyecto “París 15 minutos” de Anne Hidalgo, alcaldesa de esa capital. Busca que, en una ciudad de más de doce millones de habitantes, todas las personas puedan vivir con la comodidad de encontrar lo necesario a menos de 15 minutos andando o en bicicleta. La escuela, el consultorio, el mercado, la biblioteca, el parque.... ¿Es posible? No lo sé, pero si París se atreve a intentarlo, no veo por qué Pamplona, una ciudad en la que casi todo está a esa distancia temporal, no puede hacerlo.


Solo con este planteamiento se conseguirían evitar muchos movimientos innecesarios. Pero sé que con esto no basta. Soy consciente de que muchas personas necesitan trasladarse para trabajar y de que otras deben llegar al centro.


Por eso, os pregunto a vosotros, ciudadanos y ciudadanas, ¿estaríais dispuestos a limitar vuestros desplazamientos o a hacerlos en transporte público? ¿Apoyaríais la vida de vuestro barrio utilizando sus instalaciones? ¿Compraríais en el comercio local? ¿Os gustaría pasear y encontrar a esos vecinos que han tenido que salir al balcón para conoceros? Sería, sin duda, un buen comienzo.


Y a vosotros, empleadores, ¿flexibilizaríais los horarios de trabajo para facilitar la conciliación? ¿Posibilitaríais que algún rato se pudiera trabajar desde casa? Serviría de gran ayuda.


A los arquitectos, técnicos, sociólogos, biólogos, economistas, a todos los que podáis aportar algo, ¿os implicaríais en conocer y analizar cada punto de la ciudad para descubrir sus necesidades y potencialidades? ¿Usaríais vuestros conocimientos y talento para buscar soluciones imaginativas? Sería vital para esta tarea.


Y finalmente, vosotros políticos ¿aparcaríais vuestras diferencias para plantear un ambicioso plan de conjunto de la ciudad, en lugar de trocearla en fragmentos desiguales e inconexos? ¿Podríais ilusionarnos y unirnos a todos en un proyecto que llevara a nuestra ciudad a ser, dentro de 5, 10, 25 o 50 años... una urbe modélica?


El otro día me permití deciros que soñarais y os confieso que este es mi sueño, que el sufrimiento de esta pandemia nos deje el regalo de una ciudad mejor.


Maite Apezteguía Elso. Arquitecta


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