La batalla del relato

Es muy triste, pero gran parte del comportamiento de unos y otros está basado en defender su relato

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User Admin

Actualizado el 04/05/2020 a las 06:00

Christian Salmon, autor francés, escribió en el año 2008 el libro “Storytelling”. Ahí es donde se explica la esencia de la denominada “batalla del relato”, según la cual lo que importa no es un hecho concreto. La clave es la percepción que se tiene del mismo, y para ello lo mejor es idear un relato que suene bien y se almacene, con facilidad, en los cerebros de los seres humanos. Dejemos que Salmon resuma la idea: “Así pues, el arte del relato que, desde los orígenes, cuenta, esclareciéndola, la historia de la humanidad, se ha convertido bajo la insignia del storytelling en el instrumento de la mentira del Estado y del control de las opiniones… El imperio ha confiscado el relato”.


¿Qué resumen se hará en el futuro de los días presentes? ¿Cómo reaccionó el gobierno? ¿Y la sociedad? ¿Fue todo una sorpresa descomunal o hubo dejadez por parte de los dirigentes? ¿Las acciones de los políticos estaban encaminadas a sofocar la enfermedad o se imponían las falsedades y las estrategias partidistas?


Todo ello entrará en la denominada “batalla del relato”. De hecho, según el propio Salmon la época del storytelling ya pasó; ahora estamos viviendo la era del enfrentamiento. Eso implica buscar chivos expiatorios para ocultar deficiencias internas priorizando, siempre, la búsqueda del poder. Bueno, vamos a refinar la idea de Salmon. En realidad, estamos en la era del enfrentamiento… mediante relatos.


Cuando el problema catalán (sí, eso que pasaba en la Edad de Piedra) ocupaba las portadas de los periódicos había una conclusión unánime: “Los independentistas están ganando la batalla del relato”. Eso es: “Madrid nos roba”, “Estamos marginados”, “No se nos tiene en cuenta en las decisiones fundamentales”. Es historia de la humanidad: se potencia un relato estimulando los sentimientos de la población mediante el control de algunos canales de comunicación y fomentando actividades culturales o manifestaciones reivindicativas. Ahora bien, ¿cómo están ahora las cosas?


En estos momentos el espectro político ha cambiado totalmente. Si en el Congreso de los Diputados existía una atomización muy clara, ahora ya no es así. Por un lado, están PP, Ciudadanos, Vox y UPN. Por otro, PSOE, Podemos con sus confluencias y los nacionalismos periféricos. Existen pequeñas bisagras como Teruel Existe o Coalición Canaria, pero globalmente tenemos dos bloques. En caso de dudas, consultar el Parlamento de Navarra.


Cada bloque está peleando por su narrativa. Para unos, ”el Gobierno siempre ha actuado correctamente siguiendo las indicaciones de los científicos”. Para otros, “el Gobierno no hizo caso a las advertencias internacionales y ni siquiera se preocupó de que los sanitarios contasen con las condiciones adecuadas”.


Es muy triste, pero gran parte del comportamiento de unos y otros está basado en defender su relato. Veamos cómo lo hacen con dos ejemplos: encuestas y número de fallecidos.


Lo más deplorable que he visto en tiempos es la reciente encuesta del CIS (Centro de Investigaciones Sociológicas, aunque muchos le denominan centro de investigaciones socialistas). Para comprender su funcionamiento, vamos a fijarnos en las preguntas. Supongamos una encuesta con dos opciones. UNO. Se debe apoyar al gobierno sin condiciones. DOS. Se deben poner trabas al gobierno y criticarle en todo lo que haga. Lógicamente, la mayor parte de las personas escribiríamos la opción uno. Es lo que pasó. Así muchos medios nacionales titulaban: “El 90% de la población está de acuerdo en apoyar al gobierno sin condiciones”.


La trampa es que faltaba una opción más razonable. TRES. Se debe apoyar al gobierno si bien se pueden criticar las acciones que no nos parezcan adecuadas. La inmensa mayoría de la población habría puesto esta opción. Al poner sólo las dos primeras, José Félix Tezanos (presidente del CIS) logra sesgar el resultado.


¿Cuántos muertos llevamos? ¿Cómo contabilizarlos? Otro asunto que ha originado controversia. Vamos a contabilizar diferentes tipos de fallecimientos. UNO. Enfermos de coronavirus. Puede que hayamos detectado su positivo, puede que no. DOS. Enfermos con coronavirus que no han soportado otras patologías que sufrían. Puede que hayamos detectado su positivo, puede que no. TRES. Enfermos sin coronavirus que no han podido ser debidamente atendidos al estar los recursos sanitarios más centrados en los contagiados por coronavirus. CUATRO. Otros fallecidos.


Admitiendo que es muy complicado hacer una discriminación exacta en todos los casos, está claro que los decesos del grupo cuatro no son debidos al coronavirus. Los demás sí.


Cuidado, que ahora lo más importante no son los números, aunque algunos no lo quieran ver así. Son las personas. Una, dos, tres, cuatro… De una en una. No de mil en mil. Eso es lo único que debe contar y aquello por lo que debemos trabajar.


Cuando pase todo esto será el momento de valorar los discursos y hechos que estaban centrados en la batalla del relato.


Ahora la batalla que nos toca es otra. Y la confianza en la sociedad civil, total.


Javier Otazu Ojer. Autor de Ideas de Economía de la Conducta (Behavior&Law Ediciones). www.asociacionkratos.com.

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