Lecciones de una pandemia

Actualizado el 03/05/2020 a las 06:00
A estas alturas, nadie tiene ya ninguna duda de que la pandemia del covid-19 se estudiará en los libros de historia por su colosal impacto en el mundo que hoy conocemos. Guerras, epidemias y hambrunas constituyen una terrible trilogía asociada a la historia de la humanidad y que hemos tenido la fortuna de no experimentar en España y en la mayoría de los países de UE desde hace muchas décadas.
Uno de los ejemplos más conocidos es la pandemia denominada como la Peste Negra que, en la segunda mitad del siglo XIV, se propagó al Occidente de Europa a través del Mediterráneo. Los reinos hispánicos bajomedievales fueron asolados por la enfermedad y sus consecuencias no fueron solo demográficas por la alta mortandad, también padecieron cambios importantes que afectaron a la economía, la religión, el arte, etc. Además, los numerosos estudios de este episodio histórico nos hablan de otra perturbación no menos grave: el impacto psicológico que la gran mortandad provocó en la población, sembrando el miedo y el desconcierto y hasta el pánico. De hecho, surgieron en aquellos años grupos como los fratelli de Italia que defendían que la peste era un castigo divino, una posición no tan distante, en el fondo, de las teorías de la ultraizquierda sobre los pecados capitalistas de las sociedades occidentales modernas y su castigo en forma de virus.
El historiador francés Marc Bloch, uno de los mayores estudiosos de la Edad Media y pionero en el enfoque económico y social, afirma que la historia es “una vasta experiencia de las diferencias humanas, un diálogo prolongado con los hombres”. Y así lo demuestra que la mayor lección en esta crisis de salud pública corresponda a la inmensa mayoría de la sociedad civil, cuya memoria histórica colectiva de tiempos pasados y desde luego, mucho peores, sabe de la importancia del trabajo codo con codo y de la solidaridad compartida para superar la adversidad. Una lista interminable de profesionales -sanitarios, agricultores, transportistas, periodistas, policías y militares, panaderos, reponedores, taxistas, etc.- están trabajando estos días de incertidumbre y desasosiego para todos nosotros. Para todos, sin ninguna distinción.
¿Responderán los políticos con la misma actitud constructiva de la sociedad civil? La respuesta la conoceremos en las próximas semanas y meses, aunque a tenor de lo que hemos visto y escuchado en estas últimas semanas, no parece que vaya a ser una tarea sencilla. En España las estructuras mentales ideológicas han sido trabajadas con mezquina intensidad por algunos de los que precisamente ahora reclaman con discursos impostados ese ejercicio de unidad política que, por otro lado, es verdad que resulta imprescindible para sacar a España del atolladero de la pandemia con el menor daño posible.
La estrategia del desprecio y de la falta de respeto con el adversario político se ha revelado estas semanas en toda su cruda realidad. Y no, Navarra tampoco se ha librado de este torpe planteamiento de división y de enfrentamiento que solo alimenta los intereses partidistas e ideológicos de unos pocos políticos, los más limitados y egoístas, y que no busca el bien común de todos los ciudadanos con independencia de su voto.
Tampoco los movimientos que se observan en el mundo de la comunicación y de las redes sociales invitan al optimismo. La excesiva obsesión y el celo por el control del mensaje desde la Moncloa está creando un clima de desconfianza generalizado que no beneficia tampoco al objetivo final de pactos entre diferentes.
Otra de las lecciones que nos va a dejar la pandemia es la imperiosa necesidad de activar o reforzar los mecanismos del Estado en las Comunidades Autónomas. La falta de coordinación y los problemas de gestión sanitaria han sido clamorosos y no tanto achacables al actual Gobierno como a un problema endémico en España: una excesiva descentralización institucional que solo ha generado más dificultades y más problemas en una de las mayores crisis de salud pública de la historia de nuestro país. ¿Va a ocurrir lo mismo con la gestión de la grandísima crisis económica en la que ya estamos inmersos?
Además, la actuación de la Unión Europea desde el comienzo de la crisis ha sido insuficiente y resulta imperativo una revisión de los protocolos de ayuda y de coordinación en situaciones de emergencia sanitaria. Si Europa no reacciona y los ciudadanos perciben que no se ayuda a los países más golpeados por la crisis como son España e Italia, el anti europeísmo aflorará sin duda. La confianza se pierde con facilidad, pero cuesta mucho recuperarla.
La pandemia ha dejado en evidencia la mediocridad de algunos de nuestros políticos, locales y nacionales, envueltos en las batallas de las trincheras ideológicas que tal vez den un sentido a su propia existencia, pero que desde luego ayudan muy poco en su vida diaria al ciudadano de la calle. De momento, la sociedad civil va por delante y no cabe duda que pedirá cuentas a esta generación de políticos, con el presidente Sánchez a la cabeza, por no estar a la altura de unas circunstancias excepcionales en la historia de nuestro país que van a requerir de propuestas pragmáticas, inteligentes y de nivel que ayuden a relanzar la España de después de la crisis sanitaria. Estaremos atentos.
Elena Sola Zufía Licenciada en Filosofía y Letras y miembro de Sociedad Civil Navarra