La covid-19, la guerra y el periodismo de paz

Actualizado el 22/04/2020 a las 06:00
El estado de alarma y la “limitación de la circulación de las personas”, por no decir “el encierro”, nos han convertido a todos en hiperconsumidores de información. En el mejor de los casos, mucha información periodística. Aunque hago muy poco uso de las redes sociales, a estas alturas ya he recibido todo tipo de información sobre el coronavirus, la pandemia y demás asuntos colindantes (económicos, sociales, etc.). Entre toda la información que he recibido podría enumerar algunas “categorías informativas”: noticias más o menos contrastadas, y más o menos sensacionalistas, artículos de opinión de todo tipo, numerosos vídeos de expertos y no tan expertos, consejos de amas de casa, propaganda, teorías de la conspiración, políticos llorando, chistes, mensajes alarmistas, denuncias, críticas, estrategias militares de combate, infografías explicativas y un largo etc. En la mayoría de los casos, no he podido dejar de pensar en la importancia de la labor periodística en estos momentos. Aunque muchos ciudadanos ya manejan con considerable soltura las diversas redes sociales y medios digitales de la actualidad, el caudal de información que tenemos a disposición se hace bastante complicado de manejar. Si en algún momento de la historia contemporánea se ha dudado de la utilidad del periodismo, y me temo que esto ha ocurrido con cierta frecuencia, ha quedado patente en la actual crisis la necesidad de la labor periodística de calidad. Efectivamente, un mundo sin buen periodismo es un mundo peor, en muchos sentidos. ¿Pero qué es el buen periodismo? Tal vez esta pregunta no se pueda contestar de manera general. Pero sí la podemos contestar de manera específica. Estamos en plena guerra, en guerra contra el coronavirus, en guerra contra la desinformación, en guerra contra el miedo, en guerra contra la invisibilidad de los asuntos importantes respecto a esta crisis, en guerra contra los tiburones del mercado financiero que especulan con la inestabilidad, en guerra contra los ataques informáticos a hospitales en plena pandemia, en guerra contra los movimientos geopolíticos oportunistas. La buena noticia es que ya sabemos qué tipo de periodismo hace falta en tiempos de guerra. En tiempos de guerra, necesitamos “periodismo de paz”.
El periodista y profesor de la Universidad Carlos III de Madrid Jorge Tuñón Navarro recoge en una obra sobre la Comunicación Internacional algunos puntos a tener en cuenta a la hora de informar en situaciones de conflicto. En estas situaciones los periodistas necesitan trabajar para la sociedad civil. No pueden limitarse a describir los problemas, deberían ahondar en las causas y las consecuencias de los acontecimientos a medio y largo plazo, en función de cada contexto. Deberían además, ser exactos y minuciosos en la descripción de los hechos, proporcionando diversidad y equilibrio de fuentes y en la tendencia de las informaciones difundidas. En definitiva, deberían hacer una cobertura para revertir la escalada de tensión, buscando directamente un impacto positivo en actitudes de las audiencias. Así, evitar absolutamente los estereotipos y los clichés y la presentación de partes monolíticas enfrentadas dentro de los conflictos, y evitar los tratamientos desequilibrados en los que una de las partes se identifica como víctima y la otra como culpable. Atender a la complejidad de los asuntos en este mundo globalizado, en el que lo local es global y lo global se hace local. Deberían sobre todo, hacerse conscientes de que la cobertura de los acontecimientos puede rebajar o retroalimentar los diferentes conflictos, y que además puede constituir los mínimos comunes denominadores o puntos de partida, y aportar soluciones.
Mientras algunos están haciendo la guerra, otros están haciendo la paz, es momento de enfocar a los pacifistas, de huir del sensacionalismo y generar conocimiento de verdad. Es hora de buscar noticias sobre la colaboración científica para una vacuna o tratamiento contra las guerras de patentes de medicamentos, sobre las empresas que están adaptando sus cadenas de producción para producir respiradores y otros materiales sanitarios, sobre esfuerzos nacionales para contener los abusos de los inversores experimentados en los mercados financieros en tiempos inestables, sobre la solidaridad entre países aunque en ocasiones envuelta en la propaganda. Son tiempos de perder la inocencia, y alertar sobre los asuntos de importancia también, como los “perros guardianes”, pero hacerlo de manera cautelosa e inteligente. En la guerra de la covid-19, y el mundo que vendrá después del coronavirus, hagamos resistencia a los alborotadores de turno. ¡Larga vida al buen periodismo!
Camila Tosello de Oliveira Periodista y profesora invitada de Comunicación Internacional en la Universidad de Navarra