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Opinión
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Algún efecto positivo del coronavirus

Efecto positivo como es la espectacular recuperación del medio ambiente, como consecuencia de la radical disminución de emisiones de gases contaminantes

Jesús Mª Arlabán.
Jesús Mª Arlabán.
DN
  • Jesús María Arlabán
Actualizada 07/04/2020 a las 06:00

En esta dramática situación que atravesamos, inundados por preocupantes noticias sobre la pandemia del coronavirus, es difícil abstraerse para pensar, y menos escribir, sobre algo que no tenga relación con ella. Cuando redacto estas líneas ya van, según las cifras oficiales, 1.250.509 infectados en todo el mundo, con 70.644 fallecidos. España no se queda atrás: 135.032 afectados por el virus, con 13.055 muertos, cifras a las que habría que añadir las no contabilizadas, que, según los expertos, pueden ser muy superiores. Y todavía no se han alcanzado los máximos de las curvas. Se trata de una tragedia de proporciones bíblicas que probablemente el mundo no ha conocido desde la II Guerra Mundial.

No soy experto en Salud Pública, aunque he trabajado durante años en Ingeniería Sanitaria, disciplina muy relacionada con algunos aspectos de aquella, ni en Microbiología, pero, con la perspectiva que dan las semanas transcurridas desde el inicio de la crisis, creo que puede afirmarse que en España se ha actuado con retraso y, hasta fechas muy recientes, de forma poco decidida para tratar de frenar la pandemia.

Desde que el 31 de diciembre pasado, China informó a la OMS de que había detectado una neumonía desconocida, hasta que el 31 de enero de 2020 se confirmó el primer caso de coronavirus en España, parecía que esa enfermedad era una cosa muy lejana, reducida a Asia Oriental, y se adoptaron escasas medidas para controlar su difusión por nuestro país. Tampoco ayudaron hechos como que el partido de la Champions Atalanta de Bérgamo - Valencia se celebrase en Milán, uno de los principales focos de la pandemia en Italia, con asistencia de unos 2.500 valencianistas, de los que no pocos, incluidos algunos jugadores y técnicos, regresaron infectados. O que se autorizaran y celebraran el 8 de marzo, Día de la Mujer, masivas manifestaciones en numerosas ciudades de España.

No fue hasta el 14 de marzo cuando, como sabemos perfectamente, el Gobierno de España aprobó el Real Decreto de declaración del estado de alarma y el primer paquete de medidas, entre ellas, en su artículo 6, la limitación a la libertad de circulación, el “quédate en casa”, que todos debemos cumplir a rajatabla.

En esta terrible situación, que va para largo, he querido encontrar alguna buena noticia, algún efecto positivo, no ya del coronavirus, sino del confinamiento al que está sometida una tercera parte de la Humanidad. Efecto positivo como es la espectacular recuperación del medio ambiente, como consecuencia de la radical disminución de emisiones de gases contaminantes producidos por la circulación, el transporte y la actividad industrial, especialmente en las grandes ciudades y áreas más industrializadas.

Para muestra un botón: Venecia recibe anualmente más de 20 millones de visitantes, que ocasionan niveles de polución muy altos. El agua de sus canales, sometida a un intenso tráfico de embarcaciones, presenta habitualmente un aspecto turbio, de coloración verde-marrón, con escasa evidencia de vida animal. Tras semanas de restricciones impuestas por la pandemia, las aguas aparecen claras y azules, permiten apreciar el fondo arenoso y se ven bandadas de peces y aves acuáticas, como hemos podido comprobar en fotos y vídeos. Los venecianos están agradablemente sorprendidos y, aunque mayoritariamente dependen del turismo, ven reforzado su convencimiento de la necesidad de regularlo y ordenarlo.

De mucha más relevancia a nivel global es el gran descenso experimentado en contaminación del aire por las restricciones impuestas en gran parte del mundo. Las mediciones vía satélite muestran que durante las últimas semanas los niveles de NO2, por ejemplo, sobre ciudades y áreas industriales de Asia y Europa son sustancialmente inferiores a los del mismo período de 2019, con reducciones del orden del 20 al 50%. Como es sabido, el dióxido de nitrógeno es producido por los vehículos con motores de combustión, las centrales térmicas y otros procesos industriales, siendo causa del agravamiento de enfermedades respiratorias.

Recientes estudios muestran que la mala calidad del aire que respira buena parte de la población mundial provoca cerca de 9 millones de muertes prematuras al año, acortando la expectativa de vida en casi 3 años. Más de la mitad de esas muertes podría evitarse reduciendo drásticamente las emisiones de gases contaminantes, como establece el Acuerdo de París sobre el cambio climático. La gran incógnita es cómo vamos a comportarnos los ciudadanos y los países una vez superada esta terrible crisis sanitaria. ¿Volveremos al “business as usual”, incluso con más ganas que antes, o adoptaremos medidas y hábitos más sostenibles, como requiere la pervivencia de las condiciones de vida en la Tierra? Termino, confinado en casa, uniendo mis aplausos a los que cada tarde se dan en muchos balcones y ventanas en agradecimiento y homenaje al personal sanitario y a todos aquellos que siguen trabajando, aun con riesgo de contagio, para que todos podamos seguir viviendo, con esperanza de llegar a ver lo antes posible el final del túnel.

Jesús Mª Arlabán Mateos, ingeniero de Caminos, Canales y Puertos. Economista


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