Covid-19 en el mundo empresarial
Covid-19 en el mundo empresarial, artículo de opinión de Javier Martón

Actualizado el 04/04/2020 a las 06:00
Nadie contaba con que en pleno siglo XXI nos viésemos afectados por una enfermedad que tuviese los efectos que está teniendo a nivel mundial. El covid-19 o coronavirus como se le conoce coloquialmente, está provocando una alerta sanitaria, generando importantes incógnitas tanto para la salud de las personas como para las empresas desde todos los ángulos de su actividad. Ante la multitud de casos de contagio y las posibles consecuencias para nuestra salud, con miles de muertos por todo el mundo, es ahora cuando nos damos cuenta de que no somos tan fuertes ni estamos tan protegidos como creíamos. El Gobierno de nuestro país está afrontando la situación con la aprobación de drásticas medidas con el fin de tratar de paliar los efectos de la crisis sanitaria, primero, y la económica, que viene a continuación. Esta situación está poniendo de manifiesto, la necesidad de desarrollar planes de contingencia ante eventualidades que teóricamente tienen poca probabilidad de producirse, pero con graves consecuencias.
Sin entrar a valorar la mejor o peor gestión que están realizando nuestros políticos, lo cierto es que después de la larga y brutal crisis económica que la mayoría de las empresas de nuestro país ha sufrido recientemente, esta nueva crisis que se avecina puede tener consecuencias letales para muchos compañías. A pesar de que se había producido cierta recuperación en los niveles de facturación de la mayoría de los negocios, todavía las estructuras financieras de las empresas se resentían del varapalo sufrido en los últimos años. Así las cosas, las circunstancias propias de la enfermedad que pueden afectar a los trabajadores de las compañías, y las medidas restrictivas del Gobierno hacen que cada día sea más complicado trabajar. Además, los problemas se multiplican cuando tienes a miembros de las plantillas directamente afectados, o cuando a pesar de no tener a ningún trabajador contagiado, sí lo está algún miembro de su familia, ya que es obligado a permanecer en cuarentena. Así mismo, estos días es habitual tener problemas y retrasos para conseguir los recursos necesarios para los procesos productivos, y que ocasionan paradas intermitentes en algunos casos y paralización total de la actividad en otros. Por si esto fuese poco, el miedo generalizado está generando una situación de incertidumbre que provoca la ralentización del consumo y la suspensión de pedidos.
Con este panorama, a nuestros gobiernos central y autonómico se les llena la boca de decir que han sacado un paquete de ayudas y un plan de más de 200.000 millones de euros, con créditos blandos, líneas de avales, y un largo etcétera, de medidas que operativamente no llegarán, o aun llegando, no serán una solución a la mayoría de autónomos y pymes de nuestro país. Con la convicción y esperanza de que la crisis del coronavirus sea un problema temporal, la mayoría de empresarios desea mantener el empleo y recobrar cuanto antes la actividad previa al inicio de la crisis, por lo que se está multiplicando la presentación de ERTEs como herramienta para ayudar a mantener todos los puestos de trabajo. Pues bien, la realidad es muy distinta. Lo que realmente está ocurriendo es que a muchos trabajadores afectados no se les da la baja laboral y se les anuncia que se arreglen con la empresa durante el tiempo que dure la cuarentena, es decir, que utilicen días de sus vacaciones o que se lo pague la empresa. Aun así, se incrementa exponencialmente y a diario el número de bajas laborales derivadas de este contagio. Para más inri, lo mismo que ocurre con los centros sanitarios, a las empresas se nos obliga a mantener la seguridad de nuestras plantillas, sin tener acceso al material de protección necesario y sobre todo a los test rápidos que ayudasen a conocer el número de infectados y frenar así los contagios. Además, es obvio que no existe ningún fondo económico capaz de aguantar la presión derivada de tantísimos ERTEs presentados y más que se presentarán en los próximos días. Así que se están poniendo cada vez más trabas y empezando a denegar más y más solicitudes de expedientes.
Mientras la vacuna no llega, la mejor vacuna somos nosotros mismos. Debemos permanecer en casa y desplazarnos lo menos posible, para ir al trabajo, a comprar y poco más, al mismo tiempo que tomar todas las precauciones de seguridad. Mucho me temo que desde el punto de vista empresarial va a ocurrir algo parecido. Los autónomos y empresarios van a tener nuevamente toda la carga de esta crisis, y van a tener que ingeniárselas para soportar una nueva situación de necesidad. Vaya desde aquí mi admiración y agradecimiento a toda la clase empresarial por su importante papel en nuestras vidas. No olvidemos que entre autónomos y pymes se genera el 75% del empleo de nuestro país.
Quiero hacer un último alegato en favor de las empresas. Detrás de cada empresa hay un empresario, y en esta situación inédita se han puesto de manifiesto valores como la solidaridad y la empatía. Desde empresas como Inditex, Banco Santander o Iberia, que han realizado donaciones millonarias para frenar la pandemia, hasta pequeños empresarios anónimos que han aportado mascarillas u otros elementos a la residencia de ancianos de su localidad para vencer al virus. En todos los casos las donaciones son bien recibidas. Por eso me viene ahora al pensamiento, a toda aquella gente que tanto criticó al empresario Amancio Ortega por la famosa donación a la sanidad pública.
Javier Martón Pérez. Economista