Eroski: 50 años de cooperativismo

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Luis Sarriés

Actualizado el 25/04/2019 a las 06:00

La cooperación es un proceso social básico para la convivencia. Ninguna acción colectiva es posible y ninguna sociedad es viable sin la cooperación entre sus miembros. El cooperativismo hace referencia a un modo comunitario de producir o distribuir la riqueza.

Según Mladenatz los babilonios conocieron organizaciones parecidas a las cooperativas para el arriendo de tierras y su explotación en común. Totomiantz, habla de cooperativas lecheras en la antigua Armenia, donde las mujeres, en grupos, elaboraban quesos que vendían en Evian. Existe también una larga tradición de cooperativas embrionales en la historia de Navarra, donde los vecinos eran convocados, al son de la campana del pueblo, a trabajos “vecinales” (auzolan) para recuperación de caminos, limpieza de ríos y bosques y roturación de terrenos que luego se distribuían en parcelas.

El fenómeno cooperativista se desarrolla, sobre todo, en el siglo XIX, inspirado en el socialismo utópico y en el pensamiento social cristiano. La iglesia ha sido uno de los principales motores del cooperativismo.

Fue una reacción contra el capitalismo salvaje que dejaba desprotegidos a los trabajadores. En ese contexto surgieron las cooperativas de consumo. El inglés Willian King creó la primera en Brighton. La cooperativa de Rochdale proporcionaba a los socios alimentos básicos como azúcar, manteca, harina de trigo y velas.

Hay que destacar que el movimiento cooperativista no es sólo importante como alternativa al capitalismo, sino porque, como afirmaba Robert Owen, “el entorno donde viven y trabajan los hombres moldea el carácter de las personas”. Es decir, el cooperativismo genera una cultura de solidaridad, responsabilidad, colaboración, humaniza las relaciones laborales.

En el caso de Navarra y del País Vasco el movimiento cooperativista va a jugar un papel decisivo en el desarrollo económico y social. El que ahora conocemos como grupo Mondragón, promovido por el sacerdote José María Arizmendiarrieta, abarca cooperativas de producción, financieras, de consumo, docentes (Universidad de Mondragón) y de investigación.

Eroski nace el 11 de agosto de 1969 con el nombre de Cooperativa Comerco. En ese momento se unen siete cooperativas de consumo. De esas siete, dos habían sido creadas por sacerdotes. Otro aspecto a destacar es su vinculación, desde el inicio, a Caja Laboral, nacida, a su vez, para financiar la actividad de las cooperativas que había impulsado Arizmendiarrieta. Cinco de los siete fundadores de Comerco tenían alguna vinculación con Caja Laboral. Javier Erdozia, ejecutivo de Caja Laboral, fue el primer director general de Comerco. El 1 de diciembre de 1970 la Asamblea General decide cambiar el nombre y llamarse Eroski.

G. Hernando investigador que ha estudiado con profundidad la evolución de Eroski, señala, en su tesis “Eroski: Monografía de un Proyecto Cooperativo”, que la persona que supo armonizar intereses tan diferentes de las siete cooperativas fundadoras y de las que se incorporaron sucesivamente fue Antonio Cancedo. Este directivo entró en contacto con Mondragón para conseguir apoyo financiero y conocer cómo se estructura una cooperativa compleja. Dio forma, ilusión y cohesión a la cooperativa que pasó de 88 socios en 1969 a 744 en 1979. Pronto llegó a Navarra. En 1971 a Alsasua, en 1972 a Pamplona con su tienda en Txantrea y en 1973 al Barrio de San Juan.

La cooperativa ha tenido que superar momentos de graves crisis. El primero fue en 1975, año en que se incendió el edificio de la cooperativa en Mondragón, sufrieron inundaciones los centros de Amorebieta y Gernika y el hundimiento, debido a la acumulación de nieve, del almacén central. Acontecimientos que pusieron a la cooperativa al borde de su desaparición.

Superada esta crisis, Eroski siguió con un fuerte crecimiento hasta llegar la etapa definida como “crecimiento acelerado” de 1997 a 2007, año en que contaba con 2.441 establecimientos. En ese año sus diferentes divisiones entran en una profunda crisis. Sin haber estabilizado y asumido la enorme expansión, Eroski vio cómo, después de diez años de convivencia, abandonaba el grupo la importante cooperativa Consum de Valencia. En 2007, tres meses antes de la crisis, incurrió en el error de comprar la cadena catalana Caprabo, que supuso un endeudamiento inasumible. Con la crisis se vio obligada a cerrar los centros no rentables. Gracias a importantes sacrificios de los socios cooperativistas, a la congelación de sueldos, incremento de hasta un 10% de la jornada sin cobrar más, desplazamientos de personas, Eroski ha ido superando las consecuencias de su mayor crisis.

Ahora se encuentra en una nueva fase de “reinventar” las estrategias de servicio, tanto a la sociedad con la compra de productos locales, como al cliente, mediante fórmulas que respondan a los nuevos requerimientos y hábitos del consumidor y la mentalidad del consumidor digital.

La historia de Eroski es un gran ejemplo para el cooperativismo. En Mondragón las crisis no se resuelven despidiendo socios. Sus cooperativas sobreviven porque transmiten valores básicos a los socios, como son el respeto mutuo, el desarrollo personal, la creatividad mediante el trabajo y la autosuperación, la colaboración y participación activa, el sacrificio y el concepto de servicio a la sociedad (Eroski: zurekin).

Mantener el pulso del cooperativismo en miles de socios no fácil. Eroski lo ha conseguido durante 50 años. ¡Felicidades!


Luis Sarriés Sanz Catedrático de Sociología

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