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OPINIÓN

Irresponsabilidad política y Brexit

Los nacionalismos, lejos de mejorar la calidad de vida de los ciudadanos, provocan disputas, enfrentamientos y el empobrecimiento de la población

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Juan Pablo Montes.
DN
  • Juan Pablo Montes
Actualizada 20/03/2019 a las 14:48

No pudo estar más acertado el presidente del Consejo Europa Donald Tusk cuando en sus últimas declaraciones afirmó: “Me pregunto cómo será el lugar del infierno para quienes promovieron el Brexit sin preparar siquiera un boceto para llevarlo de forma segura”. Y aunque no podamos desear semejante final a ningún ser humano, no estaría de más que David Cameron, principal promotor de tal desastre, lejos de seguir impartiendo conferencias por todo el mundo, desapareciera de la vida pública, no sin antes entonar el mea culpa, pidiendo perdón por su irresponsabilidad. La envergadura del problema es de tal calibre, que nadie sabe, a ciencia cierta, qué hacer y cómo actuar para desbloquear la situación e impedir que el 31 de marzo se produzca una salida abrupta del Reino Unido. Resulta triste constatar cómo, después de casi tres años de la aprobación del referéndum, la clase política no ha sido capaz de confeccionar una hoja de ruta sensata y aceptada por ambas partes.

Así las cosas, los efectos colaterales en la economía se van manifestando con más virulencia provocando que sean, cada vez más, las empresas que trasladan sus centros de negocio parcial o totalmente fuera del territorio británico y con ello la fuente de riqueza que supone para la zona donde están emplazadas. Muchas marcas de automóviles -BMW, Toyota, Jaguar, etc.- han tomado medidas, retrasando inversiones o paralizando producción. El último caso conocido ha sido el anuncio de la compañía Nissan de abandonar Swindon, localidad de 180.000 habitantes y cuya economía dependía totalmente de la marca automovilística. Por cierto, paradojas de la vida, el 80% de los habitantes de dicha localidad votaron a favor del Brexit. Otros muchos sectores han paralizado nuevos proyectos o directamente van a crecer en países sin trabas aduaneras y legislativas; por ejemplo, la mayoría de los bancos de inversión están eligiendo Frankfurt, París y Luxemburgo como destinos clave para sus negocios.

Y es que resulta incomprensible cómo no se da marcha atrás a todo este desvarío sabiendo, de ante mano, las consecuencias tan nefastas que tendría para los británicos y el resto de Europa una salida sin acuerdo. Leer que se están implantando planes de emergencia para que no falten alimentos, medicinas, energía, etc. pone los pelos de punta y más todavía cuando oímos a los máximos responsables europeos que no hay que alarmarse porque está todo controlado y “se han tomado todas las medidas necesarias para afrontar un Brexit duro”. Sin embargo, el ciudadano de a pie sólo ve que van pasando los días y no hay político o analista que sepa dar una solución satisfactoria para resolver el conflicto. Uno tiende a pensar que finalmente habrá sentido común y se evitará el desastre, bien alargando el periodo de negociación hasta el 2020, o bien articulando alguna transitoria para el espinoso tema de la frontera de Irlanda, o incluso convocando un nuevo referéndum. Esta última vía, aunque se antoja muy remota, tal vez vaya ganando fuerza ante la imposibilidad de cualquier otra salida. Al fin y al cabo, son muchos los votantes británicos que reconocieron sentirse engañados cuando los propios políticos pro-Brexit admitieron haberles mentido. Recordemos cómo miles de ciudadanos se echaron a la calle arrepentidos de su voto al saber las dolorosas consecuencias del mismo.

En este contexto, llama sorpresivamente la atención el buen comportamiento de los mercados financieros que, ajenos a cualquier riesgo por el tema que nos ocupa, continúan escalando posiciones en este 2019, cicatrizando así parte de las heridas que nos dejó un 2018 calamitoso.

La mejoría en los índices de renta variable y de renta fija están aupando con fuerza la cotización de muchas acciones y bonos y provocando que muchos fondos de inversión muestren sustanciales ganancias apaciguando, de esta forma, un ánimo inversor que estaba realmente muy alicaído. De cualquier forma, algo no cuadra y una de dos: o los mercados se equivocan y no descuentan adecuadamente el cataclismo que está por venir, o los mercados son muy “listos” y saben de sobra que finalmente Teresa May y Jean-Claude Juncker llegarán a un acuerdo in extremis evitando la ruptura violenta. Nos enfrentamos, de esta forma, a unas semanas decisivas en que la volatilidad está servida y puede pasar de todo. Lógicamente, el horizonte se irá aclarando conforme nos vayamos acercando al precipicio del 31 de marzo.

Tristemente la balanza está descompensada y desde los niveles actuales en que nos encontramos, con el Ibex 35 en los 9.200 y el Eurostoxx en los 3.250, creo que tenemos poco que ganar - en caso de acuerdo - y mucho que perder en caso de un desenlace abrupto. Pero independiente del riesgo que el Brexit pueda representar para los mercados, la gran lección que deberíamos aprender todos y, sobre todo nuestra clase política, es que los nacionalismos lejos de mejorar la calidad de vida de los ciudadanos lo único que provocan son disputas, enfrentamientos, y a la larga el empobrecimiento de la población. Tomemos nota de lo que está sucediendo con el Reino Unido para no cometer el mismo error a nivel nacional. ¿Tomarán nota Sánchez, Torra y compañía?

Juan Pablo Montes Fuentes. Director Renta 4 Banco

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