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Opinión
OPINIÓN

Año nuevo: tiempo de concertación

Luis Sarriés Sanz
Luis Sarriés Sanz
DN
  • Luis Sarriés
Actualizada 30/12/2018 a las 06:00

Termina el año y con él un período de graves desencuentros en nuestra sociedad. Los políticos harán sus discursos y sus balances, siempre positivos, y subrayarán su trabajo y los logros alcanzados durante 2018. Sin embargo, tanto a nivel de España, como de la sociedad navarra, el año se ha caracterizado por los desencuentros, por la intolerancia e incluso por el insulto personal. Y es de temer que, en este año de elecciones, la crispación llegue a cuotas insospechadas.

Sin embargo, solamente los países que tienen asumida la cultura democrática del respeto a los otros y a sus ideas, del diálogo y de la concertación son los que avanzan y progresan económica y socialmente, porque son capaces de convertir las diferencias en energía para mejorar la vida de los ciudadanos.

Navarra se ha caracterizado siempre por ser una tierra de pactos, tanto entre los partidos políticos tradicionales, como entre los sindicatos y los empresarios. Pero este modelo de convivencia se ha agotado desde el momento en que han surgido y consolidado otras fuerzas políticas y sociales, siempre respetables, que, por otro lado, no han nacido de la nada, sino de los cambios profundos ocasionados por el final del terrorismo de ETA, por la crisis económica y social y por la corrupción y malas prácticas de los partidos.

Nuestra Presidenta proclamó, una y otra vez, antes de iniciar su mandato, que iba a ser la presidenta de todos los navarros, es decir, que iba a gobernar teniendo en cuenta los intereses de todos y armonizando sus diferencias. No lo ha hecho en algunos puntos claves. Ahora bien si nos atenemos al análisis de los datos dados por el reciente Navarrómetro, el gran reto que tiene Navarra no será el de la formación de un gobierno en el futuro, sino recuperar, entre todas las fuerzas, uno de los principios políticos sobre el que se ha construido la brillante historia de los últimos decenios: el pacto.

Es posible acusar a gobiernos anteriores de que los grandes pactos se hicieron sin tener en cuenta una navarra emergente que ha canalizado sus nuevas aspiraciones a través de los partidos nacionalistas (aunque no crezca la tendencia al separatismo), así como de Podemos, nacido de la indignación social o de Ciudadanos y Vox que encuentran su hueco en la renovación o frustración. Estamos ante una nueva Navarra, muy fraccionada ideológicamente, que debe recuperar la cultura del pacto.

Hay un ámbito en el que la crispación ha sido especialmente dura y sobre el que hay que hacer una reflexión serena. Es el ámbito educativo. Urge un pacto entre las fuerzas políticas y sociales. La educación no es patrimonio de nadie, sino un derecho de las familias a elegir la forma en la que quieren educar a sus hijos. Por desgracia hemos visto durante estos últimos años que crece el desencuentro entre diversos modos de entender la educación.

Primero fue el tema del acoso a los centros bilingües de español e inglés, minusvalorando un sistema que estaba teniendo una buena acogida en las familias y que abría enormes posibilidades a los jóvenes para su acceso al mercado laboral. Casi al mismo tiempo surgió el tema de las oposiciones sobredimensionando las plazas en euskera, tanto a nivel de profesorado como de inspección. Se terminó con un sistema de becas universitarias que permitía a los jóvenes navarros realizar sus estudios aquí en Navarra, de acuerdo con sus aspiraciones profesionales. Permanece latente la amenaza a los centros concertados. Y, ahora mismo, está sobre la mesa el modelo Skolae, que encuentra un fuerte rechazo en miles de educadores y familias.

Todos estos problemas, frutos de un claro sectarismo, no se habrían dado si los partidos políticos se hubieran sentado para acordar un modelo educativo inmune a los cambios en el gobierno. Necesitamos un modelo fuerte, abierto, y con proyección de futuro para una generación de “nacidos globales” (Born globals). Niños que crecen en entornos globalizados, en una sociedad digitalizada y altamente competitiva, en la que deben integrar la identidad y dignidad personal, la diversidad, la responsabilidad, la colaboración y el respeto.

Este reto tan importante no se puede abordar con criterios de partido o de ideologías de ningún espectro. Se impone acordar un modelo que garantice a los jóvenes la igualdad de oportunidades, que les permita un desarrollo equilibrado y que les prepare para ser agentes activos en una sociedad globalizada. Constituye una grave irresponsabilidad que los partidos no se sienten en una mesa y acuerden un modelo que dé estabilidad, neutralidad y permanencia al sistema educativo.

Hay otros argumentos sociológicos para no dejar la educación de los niños a los vaivenes de las ideologías. Los matrimonios son cada día más inestables, se atribuyen a la escuela mayores implicaciones y responsabilidades. El orden, el trabajo en equipo, el respeto a las diferencias, la igualdad, la no violencia, el esfuerzo se transmiten en la escuela con profesores que, al margen de sus ideologías, se comprometen con el proyecto educativo de cada centro.

De forma callada y progresiva se está configurando una Navarra, social y políticamente muy diversificada, que necesita crecer desde la concertación.

Luis Sarriés Sanz es catedrático de Sociología


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