Agur, presidente Rajoy
Rajoy ha debido pechar con dificultades en su mandato con la crisis económica, la institucional y la territorial y la que mejor ha lidiado ha sido la primera

Actualizado el 07/06/2018 a las 06:00
El PNV dio el pasaporte a Rajoy, presidente durante los últimos siete años. Ya decía Lord Palmerston, que en política (se refería a la exterior), no hay amigos ni enemigos sino solo intereses. El EBB lo ha sabido interpretar a la perfección.
Rajoy se sentirá, de seguro, herido por la “traición” de los jetzales, que después de negociar y darles el oro (cupo+1500 millones €) y el moro (AVE+540 millones €), se han pasado de bando. Ocurrió en Alemania en 1982 cuando los liberales de Hans Dietrich Genscher cambiaron de bando y pasaron de apoyar a H. Schmidt a elegir a Kohl, tras una moción de censura. La diferencia radica en que a Sánchez le apoyan además de los de Urkullu, los populistas (familia “podemita” con sus diferentes ramas territoriales), separatistas (Esquerra y PDCat+Bildu) y el canario Quevedo. Buen coctel, propicio para deshacer; impropio para hacer.
La sentencia de la Gürtel se lo ha llevado por delante. Tanto confiar en los jueces y la Audiencia Nacional (Sala de lo Penal), le dio un jueves 23 de mayo de 2017, la puntilla. Ha sido un “impeachment” judicial, a la americana, en toda regla. La Audiencia lo “acusó” y el Congreso lo destituyó, con el apoyo de sus “leales” socios.
La política hace extraños compañeros de cama, pero el Gobierno de Sánchez si no convoca elecciones pronto -tiene intención de agotar la legislatura- acabará como el rosario de la aurora. Aunque vista la “baraka” que a modo de ruleta rusa le ha hecho pasar de la nimiedad a la gloria, habrá que observar sus pasos futuros.
Rajoy, incorregible hasta el final, ha sido incapaz de tener cintura para dimitir a tiempo y haber permitido una sucesión menos traumática que la acaecida un 1 de junio de 2018 en el Congreso.
El presidente poco propicio a ningún “rictus” populista no utilizó la TV, a modo de mensaje de despedida como hizo A. Suárez o para explicar por qué no dimitía. Prefirió hacerlo de manera sobria en sede parlamentaria. Tras señalar que había sido un honor ser presidente del Gobierno, ha dicho que deja el país mejor que lo encontró y tras felicitar al Sr. Sánchez, ha enmudecido.
Deja una herencia, al menos a su partido, que sus sucesores deberán aceptar a beneficio de inventario. Es decir, sopesando si son mayores las cargas que la herencia yacente. Rajoy ha debido pechar con dificultades sin cuento en su mandato con la crisis económica, la institucional y la territorial. La que mejor ha lidiado ha sido la económica, sin echar cohetes, pues aunque los datos macroeconómicos agraden y acompañen, la microeconomía, es decir la economía real, la de los hombres y mujeres con carne y hueso, sigue mejorando pero no entusiasmando.
Rajoy olvidó que no solo de pan vive el hombre, aun en época tan materialista como la que vivimos y que un gobernante máxime si quiere ser estadista, necesita hacer política con mayúsculas y nuestro presidente, solo ha sido un buen administrador.
De su etapa de gobierno hay que diferenciar claramente la de la mayoría absoluta (2011-2015) y la siguiente. Faltó en su primer y único gobierno, el que pudo influir de manera clara en España, una pulsión reformista, errando en la elección de ministros que pudiesen mejorar la Educación, Sanidad y reformas de la administración. Ni Wert, Mato ni Soraya Sáez de Santamaría (pese a otros méritos) eran los adecuados para reformar el Estado. En su haber, debe anotarse la recuperación del prestigio perdido en la Unión Europea (UE). La elección de Guindos para el Banco Central Europeo (BCE) da buena prueba de ello.
Su gran fracaso ha sido Cataluña. Trató de apaciguar, enfriando “a modiño” la cosa con la política de la taza del café, pero le faltaron reflejos políticos y se me permite, el valor necesario. Sánchez tiene la oportunidad de resolver o mejor encauzar la cuestión catalana como Zapatero hizo con el Plan Ibarretxe, aunque el problema catalán es más grave, y las perspectivas poco halagueñas.
¡Agur presidente! Hombre correcto en las formas y de buen talante y sentido del humor, pero al que la fortuna abandonó en un lance, aparentemente menor. La mujer del César no solo debe ser honrada sino parecerlo y Mariano Rajoy lo olvidó! Descanse y disfrute en Santa Pola.
Manuel Pulido Quecedo es doctor en Derecho Constitucional