Amaia es como un cubo de Rubik

Actualizado el 23/03/2018 a las 12:38
La gala 11 de OT2017 dio mucho de sí. La edición que ha devuelto la magia de antaño al formato tiene los días contados y el principio del fin se empezó a notar con los cambios en el guion. Pero vamos a lo importante, y adelanto que empezaré 'in media res'. Ana War se llevó el 'sapoconcho' al agua, en cierto modo, contra todo pronóstico. ¿Alguien pensaba que Roi, que había sido capaz de derrotar a Cepeda, ídolo de las carpeteras, no haría lo mismo con la 'bikina' canaria? Pues sí: un 51% de los votos dio el beneplácito a Ana War de pelear por el quinto puesto en la final. Despidieron al gallego y ella se hundió en el sofá entre lágrimas negras, como ausente, pero igual de altanera, 'presiosa' y orgullosa por dentro. Y no era para menos. En una de las primeras galas, Mónica Naranjo le dijo que en el escenario "se quedaba sin recursos". Y, sin darse cuenta, la de Figueres encendió la mecha de un collar de petardos que nos trajo a la mejor versión de la canaria. En fin, Roi también lo merecía pero hay que reconocer que Ana se había ganado a pulso la salvación. Bravo. (Por cierto, 'La bikina' sonó este domingo en la sala Apolo de Barcelona entre temas de Beyoncé o Dua Lipa. Doy fe. No digo nada y lo digo todo).
Y qué decir de Amaia, nuestra pamplonesa ya casi universal, la que arrancó al jurado cuatro dieces como cuatro catedrales después de cantar una de las canciones más complejas de Rihanna mejor que la propia Rihanna. Poco queda por decir de esta chica inocente y algo despistada que se transforma de ese modo tan suyo cada vez que coge un micrófono. Bueno, solo faltaba buscar una buena metáfora para describir lo que sucede cuando pisa un escenario. Amaia es como un cubo de Rubik. Tiene mil caras vocales, es capaz de girarlas a su antojo y, además, formular colores que nunca antes habíamos visto en un programa de televisión. Hasta cuando parece que la canción se le resiste, como ocurría en las clases de esta última semana, logra salir indemne de la tiranía del micrófono, los focos y la mirada atenta del jurado. Este lunes lo volvió a hacer. No hay esquina, pieza ni movimiento que no sepa encajar. Veremos cómo maneja ese cubo de Rubik a partir de ahora, aunque ya todo parece indicar que se colará en el podio de la final. Lo parece desde el 'Shake it out' de hace dos semanas, de hecho.
Junto a Ana y Amaia, sin duda las grandes protagonistas de esta undécima gala, otro nombre sobresalió por sorprendente: Miriam. La gallega, a la que le sobran tablas y resulta difícil sacarle una falta vocal, sumó tantos puntos por parte del jurado que logró situarse como tercera finalista solo por detrás de Amaia y Alfred. Nadie dudaba que su puesto lo iba a ocupar Aitana, pero al final el cambio de dinámica de la gala acabó beneficiándola. Muy merecido, por supuesto. Y eso que Aitana había dejado de ser Aitana Grande para marcarse una actuación de sobresaliente, mucho más madura y llena de matices interpretativos.
Quizá Alfred y Agoney sean los que ofrecieron un espectáculo menos rompedor con respecto a otras actuaciones anteriores. Correctos, derrochando voz, cada uno adaptado muy bien al estilo de su canción pero con menos brillo que sus compañeras. Y eso que este lunes todos y todas demostraron por qué este nuevo OT ha devuelto al formato, en parte, esa magia de la que hablaba al principio: la calidad de las voces.
Ana War o Agoney. Uno de los dos se sumará la semana que viene al listado de finalistas, a la camaleónica Amaia, el polifacético Alfred, la carismática Aitana y la poderosa Miriam. Una semana para conocer a la 'quinta pata del banco'. Un banco con tela todavía por cortar. Y con mucha guerra que dar.