Asiron ha bajado de su Sinaí

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User Admin

Actualizado el 04/06/2017 a las 06:00

Al alcalde de Pamplona habría que preguntarle que, si gozara de la capacidad de separar el mar, a quién preferiría que sepultaran las aguas al juntarse de nuevo, si al régimen contra el que tanto se excita o a esos aliados suyos que tanto le están soliviantando. Un, dos, tres, responda otra vez. Pero con sinceridad.


De momento, Joseba Asiron se asemeja al bíblico Moisés en que ha bajado de su particular monte Sinaí con una tabla de mandamientos bajo el brazo. Cinco, no diez. Unas “reglas del juego” o unas “normas básicas”, las ha denominado, que no surgen como legado divino sino desde sus entrañas después de que Aranzadi-Podemos e Izquierda-Ezkerra se le hayan subido a las barbas que no luce. El primer edil de Bildu ha tallado en piedra ‘consenso’, ‘lealtad’, ‘seriedad’, ‘respeto’ y ‘responsabilidad’ porque sí, que es sinónimo de porque se le ha revolucionado el patio político que asumió tras aparcar el de la ikastola y todavía restan dos años de legislatura.


El destino del ayuntamiento capitalino, y con éste el de la ciudadanía dependiente de lo que se determina en la casa consistorial, está en manos de un conjunto de siglas desconjuntado. El simple dibujo de un carril-bici para la Avenida de Pío XII ha descubierto a quienes, en perpetuo disimulo, se han empeñado en tapar con serrín la grieta que distancia en dos al bloque de cuatro: Bildu y Geroa Bai, por un lado, y los mencionados Aranzadi e I-E, por el otro. El alcalde abertzale ha reconocido que en su equipo de gobierno “hay partidos que no se fían de otros”, así que como para fiarse del cuatripartito desde el exterior. “Hay que esforzarse en la búsqueda del consenso, y es cuando no se consigue cuando llegan las mayorías”, reza el primero de los mandamientos asironianos. En el fondo verdadero de la crisis municipal hay más claves que las de una vía para bicicletas o la afición de Armando Cuenca a sacar sus pies del tiesto protocolario. El consenso como mera declaración de intenciones para quedar bien por parte de Bildu y Geroa Bai, deseosos de imponerse siempre a unos socios que les entorpecen, y la apelación al mismo consenso por parte I-E y Aranzadi como plegaria para no ser pisoteados por el nacionalismo y su mayoría.


Asiron ha reinterpretado en sus reglas el ‘no cometerás actos impuros’ por medio de expresiones tales como “hay derecho a la discrepancia, pero nunca se ponen en solfa las decisiones porque lo que no se puede es ser oposición dentro del gobierno”; o “los proyectos que salen adelante son los que tiene respaldo político y aval técnico, las ruedas de prensa se dan después, no antes de tener ese respaldo”; y, sobre todo, “quien quiebre alguna de estas normas de juego sabe que tendrá una responsabilidad”. Advertencia última a la que sólo le falta el ¿capisci? mafioso.


A Joseba Asiron no le ha molestado de Aranzadi e Izquierda-Ezkerra admiración alguna a un ídolo falso. Al contrario. Le ha enojado que no se arrodillen ante el becerro de oro, el cambio, como cree que debe hacerse: con salivación y ceguera. “En dos años no ha habido cambios de calado en la ciudad” y “Geroa Bai apuesta por hacer de perro del hortelano, bloqueando decisiones y jugando al consenso con UPN”, se ha atrevido a asegurar Cuenca. Tanto para éste como para los también concejales Laura Berro, Alberto Labarga y Edurne Eguino, el alcalde ya señala una nueva tierra prometida: la de la libertad de expresión, pero para decir lo que le satisfaga a él y cuando él quiera.

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